Sag. Sagredo.
Dol. ¿Y el compañero?
Sag. Rubino.
Dol. Pues, señor Rubino, toma por la mano á Lelia, y tú, hijo Sagrado, á Claudia; Escalion él se tendrá el cargo á su Libina, y vámonos á sentar.
Lel. ¡Ay, señor! déxame, que no soy desas, ni tengo de ir allá.
Dol. ¿Qué es esto, Lelia? ¿Mándolo yo y dices tú otra cosa? ¡Por mi salud, si no mirára al honor de los convidados, que yo hiciera cosa que no pluguiera á todas! mas irse han los huéspedes, y comerémos el gallo, que asaz habrá tiempo.
Esc. Ea, señora, no tomes pena, que á ella le pesa por te haber enojado.
Dol. Anda, hijo, déxame, que aquella habia de cumplir de ojos lo que yo mandaba por la boca.
Esc. Hora no haya más. Tú, señor Rubino, con la señora Lelia en este cabo os asentad, y junto, en esotro cabo, estará Sagredo y Claudia; yo y Libina nos sentarémos acá en lo baxo; las dos madres, pues se hallan solas, hagan entre sí compañía en la cabecera de la mesa.
Claud. Madre, á la puerta llaman.