Val. Que de más edad te juzgára.
Dol. Y áun más te hago saber, que por de ménos edad me tengo, de lo qual es buen testigo mi marido Hetorino, que se espanta de ver el cuerpo que tengo de noche; por lo qual pienso que el libro de la parrochia se engañó, que mal pecado quando se hace el baptismo, como el sacristan está embarazado, da el libro á que lo escriban mochachos, y ellos ponen lo que se les antoja.
Val. Ora, comadre, dexa eso, demos otro deogracias, pues tan ocupados con vuestras dueñas están esos gentiles hombres.
Dol. Otra hallarés más perezosa en eso.
Val. Ora tañeldes la campanilla, que mucho tardan en su plática.
Dol. Locos, locos, ¿por qué no os venis á sentar?
Esc. Madre, si tú no vienes á echar el baston entrellos será escusado, porque la batalla está muy rigurosa, especialmente que las damas áun de hablarlos se desdeñan.
Dol. Agora espera, que yo os concertaré. ¿Qué es esto, Claudia? Y tú, Lelia, ¿por qué no hablais estos señores, y os venis con ellos á comer?
Claud. ¡Ay, madre, déxate deso! Comed vosotras allá, que yo y Lelia despues comerémos.
Dol. Anda, mal hora, déxate deso. Tómala tú, señor. ¿Cómo es tu gracia?