Val. Y áun con eso tienes en el rostro tales colores, que por mi salud en tu mocedad no las podias tener tales.

Dol. Malo va esto, vieja me ha llamado; mas no se me irá con ella.

Val. ¿Qué dices, comadre?

Dol. Digo que como ya tú, de vieja, estás en los huesos, que no has podido tomar color como yo.

Val. Eso me parece al judío que dió la pasa al carnero, y le atentaba luégo la cola por ver si habia engordado; tú no ves que hasta que el vino que agora bebí haga operacion áun habrá tiempo.

Dol. Pues por la misma causa verás que mis colores son de mio, y no causados por la bebida; que sabe, si no lo sabes, comadre, que toda mi vida he sido fermosa y fresca mujer, y como agora en lo mejor della esté, mira qué maravilla si tengo colores.

Val. ¿Qué años habrás, comadre?

Dol. Este otro dia hice esa cuenta, y hallé en el libro de la parrochia que tengo hasta cuarenta años.

Val. De la mitad arriba, y áun Dios y ayuda.

Dol. ¿Qué dices, comadre?