Risd. Déxale, madre, que será menester en la posada, que si algo habie de comer, yo supliré por él y por mí.

Dol. Pues ¿y dónde lo habies de echar, señor, que tu cuerpo con poca cosa se podria henchir?

Risd. Donoso está el dicho. ¿Cómo, madre, y agora sabes que tengo dos estómagos? Pues quiero que sepas que lo que en cuerpo falto eché en estómagos, que otra cosa no tengo de dentro; si no, exempli gracia, comenzad á partir esas aves y verés maravillas.

Claud. Por mi salud que dice verdad. ¿No veis que hace de engullir?

Sag. Déxale, señora, que mucha priesa trae mucho vagar, y quien con ligereza el camino anda, de descansar tiene.

Esc. Ce, señora Dolosina, mira que no guardas la ley de palacio, que has bebido tres veces con el primer manjar.

Dol. Hijo, por eso estamos agora en la sala donde hay otra ley, que bien sabes que dixo el sabio: «Cuando estuvieres en Roma vive como en Roma»; por esto quiero yo guardar la ley de sala, pues en ella estoy.

Esc. Madre, ¿quántas veces, tú que sabrás todas las opiniones, es lícito beber en una comida?

Dol. Por cierto, hijo, abusion es que nunca la cato, ni la puedo hallar lo firme; unos, por ser malaventurados, dicen tres, otros, casi semejantes, dicen cinco, otros nueve, otros trece, y otros, de la qual opinion soy yo, dicen treinta y seis veces; mas empero yo, por cumplir con todos, bebo tres, y despues seis, y ansí adelante hasta el último término, por topar y cumplir lo más cierto.

Risd. Eso me parece, madre, como el teniente que echaba las fiestas, y decia: esta semana, señores, no sé en qué dia cae una, fiesta de guardar, holgad toda la semana, y así toparés con ella.