SELVAGO. — RISDEÑO. — CARDUEL. — FLERINARDO. — ESCALION. — ISABELA. — CECILIA.
Selv. ¿Duermes, Risdeño?
Risd. Señor, no; ¿qué mandas?
Selv. Que me des mis armas y hagas aderezar esos mozos.
Risd. Señor, veslos aquí; los compañeros se quedan aparejando.
Selv. Pues tenme de ahí (que, si no me engaño, las once tocó agora el relox), armaréme.
Card. Señor, señor.
Selv. ¿Qué dices, Carduel?
Card. Flerinardo con sus dos criados, Escalion y Velmonte, están á la puerta.
Selv. ¡Oh, cómo la verdadera amistad siempre en las necesidades se conoce! sin duda que le soy en mucho cargo.