Fler. Ora, señor, dexad esas razones por escusadas, y vamos nuestro camino, que yo recibo la merced en que de mí acepteis algun servicio.

Risd. Señor Flerinardo, ¿no venía en vuestra compañía Escalion? ¿dónde está?

Fler. No sé cierto, mas de quanto agora estaba comigo, y tras de nosotros debe venir, si no ha tomado las de villadiego y dádonos cantonada.

Risd. Vesle allí dó viene; anda, Escalion, no te quedes tanto atras.

Esc. ¡Oh pesar de quien me parió, Risdeño! ¿y para qué me das voces? que venía ahí echando mano pensando que los enemigos parecian, y dado caso que así fuera, nos quedáramos burlados, porque oyendo tal nombre, si ellos eran naturales de Europa, no pongas dubda que me pararan delante.

Risd. Pues ¿cómo es verdad lo que dices, pues que cada dia nos cuentas nuevas questiones que has tenido?

Esc. Eso es verdad, que no me conociendo toman esa presuncion; mas si despues, por aventura, de mis manos salen sin herida mortal, quando el caso cuentan á quien me conoce, les dice que ese dia nacieron.

Selv. Señor Flerinardo, una palabra al oido.

Fler. ¿Qué decis, señor?

Selv. Que deseo conocer en estremo dó llega su lanza de Escalion, porque verdaderamente creo ser todas sus blasonerías fingidas, y si os parece, lo podrémos probar esta noche.