Sus lustres y matices de tu seno,

De quien yo solo vivo en su memoria,

Por ser mi suma pena y suma gloria.

Isab. Dime, Cecilia, ¿no estás fuera de sentido en oir música tan atractiva y melodiosa?

Cec. Por cierto, señora, que no ménos en oilla estoy espantada que pesante porque tan presto hizo fin.

Isab. ¿Qué sientes de la sentencia del soneto?

Cec. Que por más que diga, eres de más merecedora.

Isab. Anda, necia, que no te digo sino quán maravillosamente ha declarado su propósito.

Cec. Eso merezco yo, que me llames necia, porque mentí diciendo que merecias más.

Isab. ¿Qué dices, Cecilia, parécete que tengo razon en hacer lo que por él hago?