Pin. No le hables, Popilia, más á la mano, déxalo, cada loco con su tema, y si mal le fuese en la mercaduría, su bolsa lo sentirá, cada uno es juez y físico de sí mismo; ande el torno, que yo no me entiendo de salir del juego entre tanto que bulleren los dineros ajenos.

Pop. Pues tan determinado estás de echar la soga tras el caldero, porque no vaya todo de mal en peor, gástese el tiempo en buscar remedio conviniente á tu enfermedad y no se entienda de hablar en lo escusado.

Crat. Poco te parece que has dicho, Popilia, á buena fe, en medio del hito has dado, no sé si tirabas allá, pero ¿á dó el remedio? ¿adolo? que yo no siento ni pienso que en el mundo nadie tendrá tan recto ni esperto juicio que con harta parte pueda en esta conjuntura acertar, y grandes y muy oscuros nublados tienen ofuscada la puerta deste tan incierto remedio, el camino desta negociacion tambien está muy cubierto de malezas, más ásperas que las de la montaña Ida; así que venga Dios y véalo, que todo lo veo turbio y avena por escardar.

Evand. La verdad te ha fablado Cratino, amiga Popilia, porque como Artemia, suegra y madrasta de Serafina, sintióla casada, no la pierde de vista, y tiene tanto cuidado della, que no solamente ha hecho lo que digo, pero há más de un mes que ni por pensamiento sale de casa; pues tener pensamiento de vella en ventana ni en celosía es pensar subir al cielo con escalera; y no solamente pasa esto, pero tráela tan acosada y vale en todo tanto á la mano, que nunca la madre del César tanto persiguió ni temió la deshonestidad de la nuera, quanto Artemia tiene y recela la honra del único hijo.

Crat. Y áun allende deso es tan celosa de su natura, que siempre está temblando sobre Serafina.

Dav. Bien hace en corregirla, que así despues hallará en ella gracia, segun afirma Salomon, y como persona discreta se há en la negociacion, porque el castigo al amigo en secreto ha de ser; y así decia Diógenes, que el que quisiere ser amado de su amigo castíguelo secretamente, porque la correccion secreta engendra amor; y así amonestaba el divino Platon, que ninguno á su amigo lo castigase en público, ni ménos cuando estuviese sañudo. De manera que asaz lo hace como persona prudente en querer castigar en cabeza ajena.

Pin. Viña y niña y habar malo era de guardar, canta el andaluz, y áun Salomon dice: guarda á la mujer luxuriosa y valerte ha poco, así que quanto ellas quieren todo sin más pensallo es hecho, peores son de guardar que casa de dos puertas; mándole yo á la vieja bruxa que si la otra quiere no dexará de hacer sus mangas, y áun bien anchas, y áun nunca Dios me diese otra pena sino tenella engañada ántes de tres dias, aunque ponga más guarda que el alcalde de Atienza.

Evand. Mira lo que dices, Pinardo, atiéntate; gran virtud es saber refrenar la lengua, especialmente que no estamos en tiempo de hablar palabras ociosas.

Pin. Como ociosas de verdad lo afirmo por los santos de Dios, que me atreveré de traerte respuesta de Serafina, aunque Artemia la tenga en el vientre de la ballena.

Evand. ¡Oh qué agradable me es ese sermon! por cierto el de Demóstenes no fué más grado en el senado ateniense, quando el rey Filipo pedia que diesen en rehenes á los oradores de la ciudad; pero imposible cosa prometes, que por tan imposible lo tengo como querer trabajar en que el primer movimiento de la natura dé fin á su curso, en ménos espacio de veinte y cuatro horas.