Pop. ¡Oh, qué agradable me ha sido, señor, oir historia de varon tan digno de fama! agora puedes tornar al presupuesto primero.

Evand. Es constante en sus propósitos; de la qual virtud dice el Tulio que ninguna cosa hay de tanta estima ni tan digna en los hombres como la constancia, y cerca desta virtud está escripto en las escrituras lacedemónicas del Licurgo, que habiendo dado las leyes á los de Lacedemonia, con temor que no las quebrantasen les tomó juramento que las guardarian hasta que él volviese, y él se fué á la ínsula de Delfos y nunca más volvió; y al tiempo que murió, mandó que sus cenizas fuesen echadas en la mar, porque los de Lacedemonia no las juntasen y las truxesen, y quebrantasen las leyes que las habia dado.

Pin. Mia fe, desa virtud mejor fuera que estuviera falta Serafina, para que mejor se efectuára vuestro propósito.

Evand. Y es muy templada en todas sus obras y muy humilde en la conversacion, no presuntuosa, no soberbia, no vanagloriosa, no lisonjera, no dura de cerviz, ántes muy piadosa y acompañada de misericordia; muy liberal con sus servidores, no avara, no enojosa, no airada, ántes muy mansa en todas las razones, muy justificada en sus obras; no lisonjera en las palabras; muy verdadera en la razon, muy leal á sus parientas y amigas; no engañosa, no parlera, no desabrida, no de malas respuestas á sus criadas, no loca, no envidiosa, no inconstante, no triste ni con alteracion en sus hechos, y ¡qué fornida de castidad, virtud tan resplandeciente en la hembra!

Pin. Luego ¿en qué andas como Pedro, por demas corriendo tras la esperanza vana y navegando por parte adonde ninguno halló puente? correr en caballo sin freno me parece á mí todo aquesto, sino sólo querer pescar en el golfo con delicada caña.

Pop. Dexalo que, como dices, ¿quién loára la novia sino su madre? pues que, á buena fe, si hobiésemos de volver la hoja, que áun la linda Serafina no se quedase fuera del coco, ántes le alcanzaria buena parte de la colacion.

Pin. Agora, pues, diga lo que quisiere, que quien de locura enferma, tarde ó nunca sana.

Crat. ¿Qué has estado hablando, Popilia? ¿parécete que me contradigo en algo?

Pop. Digo, señor, que allende de ser la misma verdad lo que es dicho, Serafina es muy hermosa y graciosa, y en verdad la blanca flor del azucena ni la muy colorada del rosal ni la del lirio, del olor tan suave, no resplandece más en mi vista, pero cosa conviniente sería que te apartases, señor, desta demanda, porque el agua desta balsa muy pesada es á los que de ella beben; pues estas pendencias con mujeres casadas no engendran sino bandos y discordias en los pueblos, especialmente cuando son emparentadas de nobles parientes de la manera que Serafina; así que, señor, trabajar debrias por la olvidar, que en verdad bien suele amargar á las veces este adobado, y áun quemar los rostros la cocina de la tal boda.

Evand. ¿Olvidar dices, Popilia? ántes se olvidará la noble Diana de dar claridad á las tinieblas noturnas, y ántes los polos se olvidarán de ser guias de los errados mareantes, y ántes el quarto planeta se olvidará de dar la vuelta en el zodiaco, que á mí me pase por pensamiento olvidar á mí señora Serafina; ni ningun temor ni peligro, ni las amenazas de la misma muerte no me son inconveniente para en cosa retroceder de lo ya comenzado, venga lo que viniere, suceda fortuna próspera ó contraria, que ántes las siete pléyades dexarán de parecer con la bruma que yo dexe de seguir la voluntad y mando de Serafina.