Pin. Mejor sería, señor, entender en buscar algun conviniente remedio á tu salud, que estar añadiendo materiales al fuego y atizándolo con tan nuevos géneros de querellas.

Evand. ¿Qué mejor remedio que desear la muerte? ¿qué mejor consuelo que desear del todo el fin de mis tristes y miserables dias? pues tanto le aplace á aquella que, con sola su vista me tiene aherrojado en tan áspera prision, que la servidumbre del crudo tirano no fué más dañosa á los vecinos de Agrigento.

Dav. Para todas las cosas hay medio, para todas las enfermedades hay sus medicinas aplicadas, para todas las llagas hay cura y defensivos, y áun no hay dolor tan grande al qual el tiempo y su discurso no lo disminuya y ablande; por tanto, esfuerza, esfuerza y no te desmayes, que áun Serafina mujer es, del género de las quales dixo Salomon, de cien hombres he hallado uno bueno, pero de mil mujeres ninguna he hallado buena.

Evand. Calla, calla, boca sin verdad, que entendiendo las cosas y autoridades al desuso infamas al sexu femíneo, mediante el qual se sustenta la humana natura, y no sabes que áun el mismo Salomon dixo: el que halló buena mujer halló alegría, y el que echa la buena mujer echa todo el bien de su casa; y áun el Augustino dixo: ninguna cosa habia en el mundo peor ni mejor que la mujer; pues ¿qués lo que estás diciendo? ¿qué estás profazando? porque si quieres mirar y notar con atencion lo que diré, la perfecion de Serafina abasta adornar las faltas de todas las que podrias recitar por culpadas, porque ella es prudente en todo género de disciplina, la qual virtud mucho resplandece en la hembra.

Dav. A osadas, enhoramala, ¡y cómo la tienes bien entendida! Si prudente fuese, de otra manera se habria gobernado en esta jornada.

Evand. Pues está atento, por mi vida, y no murmures ni hables entre dientes, que por extenso te quiero informar de las virtudes y de las gracias de natura, de que Serafina está asazmente adornada; ella es muy pacífica y amiga de toda concordia, de la qual virtud está escripto: bienaventurados los pacíficos, porque ellos poseerán el reino de los cielos.

Pin. A la fe pacífica, pero no quiere consentir contigo en la paz y áun creo que lo acierta.

Evand. Está atento, Pinardo, así la ventura próspera te acompañe. Es honesta en su habla y traje, más que la mujer del ateniense Focion, de la qual se escribe que unas amigas suyas le mostraban muy grandes atavíos y joyas de sus personas, y ella no teniendo ninguna de aquellas cosas, dixo: yo no curo de más atavíos de ser mujer de Focion.

Pop. Mucho holgaria, señor, que nos informases quién era ese Focion, de quien tanto contentamiento tenía la venerable matrona.

Evand. Focion fué ciudadano de Aténas, y sabido en derecho y asaz adornado de la moral filosofía, y áun fué capitan de la ciudad, y fué tan moderado en sus cosas, aunque era pobre, que enviándole el Grande Alexandre setenta talentos de oro, no los quiso recebir, y despues le envió trescientos y ménos los recibió; á cuya causa fué tan estimado, que, despues que el universal monarca venció la segunda vez en batalla al gran Rey Dario, no se halla que en las cartas á nadie escribiese saludes si no fuese á Antipatro y á Focion.