Pin. ¿Quieres que te diga á un traidor dos alevosos, y podria ser que uno piense el bayo y otro quien lo ensilla, si mucha arte sabe la raposa, más quien la toma?
Dav. Adoba por ahí; ya lo digo yo que la moza loca no ha menester toca; y bien dicen que por demas es á la cabeza quebrada untalle el casco.
Pin. Quédate adios, que ántes la dulce primavera dexará de pintar los campos y florestas con frondas, produciendo flores matizadas con diversos colores, que yo me aparte de efectuar lo ya comenzado; y ya hecho es, la muerte ó la vida comigo va, hacer otra cosa burla sería de muchachos, no quiera Dios que sea tenido por inconstante.
Dav. Sé que no eres rio, que no te puedes volver quando quiera que te pareciere, alzándote á tu mano.
Pin. Gran tacha es no ser hombre firme en sus propósitos, y áun, segun afirma el Salustio, la inconstancia es señal de locura, y el filósofo dice que el inconstante sus cosas pone á la ventura.
Dav. Bien estoy con eso que dices; pero el perseverar en el vicio la constancia con el pecado, no se debe llamar constancia, ni nombre de firmeza merece; y, por el contrario, el que de mal propósito y del camino de los vicios se aparta, no se ha de llamar inconstante, ántes sabio y muy firme en los actos virtuosos y nobles; pero, pues tan predestinado estás en el mal, haz lo que quisieres, y yo arriba me voy, que por demas me parece que es dar consejo á la cabeza loca, ni ménos lavar con lexía la cabeza del asno.
Pin. Por esperimentado mancebo tengo á Davo en todo género de negociacion, y bien veo que él como está sin pasion conseja discretamente, pero ¿qué tengo de hacer sino andar por aqueste camino bueno ó malo, cayendo ó levantando, errando ó acertando, y mostrándome en todo osado, que á los tales la fortuna dicen que suele favorecer? pero el mejor consejo al presente es entrarme en casa de Artemia, pues estó á la puerta, como que entro á ver el aposento, lo qual no tendrán por cosa nueva, porque como la casa es labrada por tan maravillosa arte, todos los forasteros tienen por costumbre de vella como cosa de admiracion; y si acaso viere á Serafina, al tiempo el consejo, que nunca me faltarán razones ni nuevos achaques, y todo es menester; pero válala la maldicion, desde aquella rexa que está en el corridor me llama Artemia, ¿áun quál ha de ser si me ha conocido el diablo?
Artemia. ¿Sois de aquí de la ciudad hija, ó qué enhorabuena quereis en nuestra casa? entrad, entrad, no hayais vergüenza, que, como suelen decir, al mozo vergonzoso el diablo lo truxo á palacio.
Pin. Mozo dice; á otra palabra como esa dexo el manto y la saya como el otro fraile los hábitos, y baxo las escaleras como un cuadrillo; ¿por ahí me entras? no me personeo dese lado; que palabras tiene la noble, habla sin monte.
Art. No lloreis, hija, no lloreis; pero allegaos acá y contadme lo que quereis, y decí, ¿cómo venis así enojada?