Pin. Yo, señora, soy huérfana de padres, y un tio mio, que vive á la puerta de Sant Juan del Alcázar, es mi tutor, y su mujer trátame tan mal que hoy por dos veces ha cuidado matarme, y yo de desesperada me he salido de casa con intencion de buscar con quién viva, porque en ninguna manera puedo sufrir aquella mujer.

Art. Pues no lloreis, hija, no lloreis, que yo enviaré por ese vuestro tio, y haré que dé órden en vuestra vida, ¿oyes, oyes, hija Violante?

Violante. ¿Qué mandais, señora?

Art. A esa pecadora de moza sola y desconsolada, métela en mi cámara, y dale de cenar y estése ahí.

Viol. ¿Cómo os llamais, hermana?

Pin. Ilia me llaman, que no debiera nacer.

Viol. Pues andad acá, hermana, andad acá, quel llorar poco aprovecha.

Serafina. Válala la maldicion aquella moza, y cómo parece á Pinardo el paje de Evandro, ¿es su hermana ó es él mismo? aunque bien me puedo engañar, porque suelen decir que un diablo parece á otro; pero, como que voy á otra cosa, quiero ir al aposento de Artemia y sabré qué hay en el mundo, que una espina tengo atravesada en el corazon, y el alma me da que es esto cosa de gran novedad.

Ilia. A Serafina veo, y si las pisadas trae enderezadas acá, sola estoy; áun si viniese pienso que se urdirla bien esta tela.

Ser. Estaos, hermana, estaos, n’os levanteis, que debeis estar fatigada.