Il. Más fatigado está Evandro y lo pasa.

Ser. ¡Jesus, Jesus, y eres Pinardo! es verdad que no me la daba el espíritu.

Pin. Esta carta traigo de Evandro, y por traella traigo la muerte á los dientes, como veis, y Artemia anda por ahí, no es tiempo de pláticas; leelda, señora, y dadme la respuesta, que, como veis, en el filo está la negociacion, y desta mi venida depende la salud y vida y honra de Evandro, y áun la vuestra, como veis, no se queda en la posada; sábia sois, en tal reputacion estais tenida acerca de todos, pensaldo bien, pensá las cosas, que yo cumplido he con lo que debo al servicio de quien me ha criado.

Ser. No sufren dilacion estas cosas, como dices, hermano Pinardo; turbada estoy, no sé qué me diga, yo me voy para mejor poder entender en tu despacho, porque malo es burlar hombre con su cabeza.

CARTA DE EVANDRO Á SERAFINA.

Señora y todo mi bien: Si como perdí la libertad y todo libre albedrío, con claridad tan resplandeciente que de contino está procediendo de vuestra vista, juntamente no cobrára esperanza de libertad, escusado me fuera el mi tan apasionado vivir, porque, estando acompañado de tan sobrada pasion, ningun alivio ni sentido tuviera para poder estar á la contina especulando en vuestra sobrada gracia y demasiada hermosura, acompañada de tan incomparable beldad, que claramente veo rescebir los apasionados sentidos clarífica y resplandeciente luz, contra las escuras tinieblas de que á vuestra causa el entendimiento se halla ocupado; pero con vuestra vista toda la escuridad y niebla cerrada se convierte en lumbre, tan fulgente como la procediente de los rayos del clarífico Apolo, de manera que manifiesta es la cuita que por vos me atormenta; pues remedio en verdad no lo espera, porque vuestra tan sobrada honestidad y mesura le antepone mil géneros de inconvenientes. De manera que, sin más esperanza de salud, rescibo en satisfacion, y por cumplida paga, mis males y tan demasiado tormento ser á vuestra causa, y con esto sería contento y me satisfaria si entero estuviese, que mis sobradas ánsias se sienten de vos, pues sois la causa principal y primera de donde mi desconsolado y tan penado vivir proceden, pero mi poco merecimiento, enemigo del tan sobrado atrevimiento, me representa tantos temores, que me hallo indigno de áun pensar en lo tal, y así quedo el más aherrojado captivo de quantos en la casa de amor padescen.

Por la carta bien paresce,

Muy linda graciosa dama,

Que mi vida os obedece,

Y que por vos no fenece