Dav. Ida sin venida.
Crat. ¡Oh Davo, como nunca en cosa das buen tercio, siquiera por bien parecer!
Evand. Alarga el paso, Pinardo, y procura de ir, como suelen decir, á sombra de tejados, y aunque algo se dilate la cura, vé siempre por las calles más angostas, porque el que mal hace siempre aborrece la luz, y áun es justo que se recele.
Pin. Agora me parece, señor, que eches el pié derecho delante, que á la puerta estamos, por eso cúbrete el rostro, y Dios nos tenga de su mano.
Evand. Ó la vista con las noturnas tinieblas me engaña, ó es Violante la que anda por los corredores.
Pin. Ella es, ya viene, que ya yo la tenía avisada; y sin dubda todas las cosas ocurren felices, y de los prósperos principios siempre suelen avenir fortunados sucesos.
Viol. Ce, ce, Pinardo, andas tras mí.
Pin. ¿Hay alguna cosa de nuevo?
Viol. Que está Serafina en la talaya, media hora há, y ya sabe de la venida de Evandro. Por tantos derechos os id á su cámara, que Artemia retraida está, y todos los de casa tengo retraidos en la cocina baxa.
Pin. Éste, señor, es el aposento de Serafina; ya ella sabe que estás aquí, debes entrarte, que yo y Violante aquí nos quedamos por ver si son bravos los toros, y mirarémos asimismo si es verdad lo que se dice, que de cosario á cosario no se pueden ganar salvo los barriles.