Dav. Ciertamente ha vendido bien barato su hilado Artemia, y ni ha curado de regatear mucho ni de pararse en las meajas, y áun á lo quel vulgo dice no le llega la renta á la mitad del año, dando á los unos haldas, á los otros mangas, á los otros hábitos de diversos colores, á cada uno segun que su religion lo manda; á los otros dando sobre-pellices fechas á las mil maravillas, de lienzo sevillano, del lino del Guadalcanal, que cuesta á moneda de oro la vara; pues los presentes que envia por año, ¿quién lo podria contar? las cargas de ansarones, enteras, de pollos, de anadones, de lechones, de capones, de palominos, de gallinas, las cestas de huevos frescos, la docena de las perdices, el par de los carneros, la media docena de los cabritos, la ternera entera, las ubres de puerca en adobo, las piernas de venado en cecina, los jamones de dos y de tres años, las cargas de vino tinto, blanco, aloque, clareas, vin grec, otros quella hace hacer adobados en casa con mil aromatizados olores; pues las frutas que les envia á cada uno en su estado, ya es cosa de locura, codoñate, calabazate, citronate, costras de poncil, nueces moxcadas, limones en conserva, pastas de confaciones de cien mil maneras, priscos, peras, membrillos de diversas maneras confacionados y cocidos en el azúcar, y á las vueltas muchas frutas de sarten de mil cuentos de maneras, trayendo las mujeres de en cabo la ciudad, diestras en aquellos menesteres escogidas, como dicen, á moco de candil; y todo para contentar, porque mejor le sobasen la pelleja, queriendo suplir con las riquezas el defecto y fealdad de la natura, porque vella es como la cimbarra del Córpus Cristo y de hechura de almario, larga y desvaida, y el color y gesto como máxcara mal pintada, el talle como rocinazo de molinero, la vista como ídolo del tiempo antiguo, el andar y vision de estantigua y fantasma de la noche, en verdad que tanto temiese encontralla de noche como ver una mandrágula. ¡Jesus, Jesus, Dios me libre de tan mal encuentro!

Crat. Pues harto en suma en la verdad has procedido, Davo, que yo no sé quién sin mentir la enxabonára mejor.

Evand. Por la Verónica sancta de Jaen, no estoy en mí en oir lo que vosotros decis, pero lo que más creo es ver la bolsa de Pinardo poblada y su corazon caliente.

Pin. Tiempo es, señor, que vayas y te dexes de más rondallas, porque ya anochece y has de ir solo y sin esas ropas de seda, désnudate luégo, y en calzas y jubon y con una capa de camino te irás, y yo me voy á quitar estas ropas de gallina; entre tanto te debes aderezar, porque sin dubda tardamos, y mira que á quien dan no escoge.

Evand. Bien me parece que ha dicho Pinardo; sácame, Cratino, una capa y todo lo que vieres que cumple para ir algo demudado, que sano consejo es, y por tal lo tengo, el que Pinardo me da, y cierto de los ángeles ha sido guiado en toda esta su peregrinacion.

Dav. Como la intencion era buena y los pasos en servicio de Dios, no me maravillo.

Pop. Déxalos que ellos hierven sin fuego y andan sin andalid, y en tal pararán.

Pin. Desa manera, señor, vas bien desfrazado, vamos que delante voy por descubrir la tierra.

Evand. Pues vosotros os quedad, y tú, Popilia, ruega á Dios por todos, y que en todo se cumplan y efectuen mis deseos.

Pop. Como son muy justos no es maravilla.