Viol. Medio sin habla paresce que está; ¿no ves cómo casi apénas puede responder á lo que Evandro le está diciendo? Gran desmayo le ha tomado; cierto verdaderamente le amaba.

Pin. Las manos me paresce que le andan á Evandro, y la lengua, á lo que siento, está enmudecida; eso es lo que hace al caso, que no el andar por las ramas; mucho me paresce que se quexa Serafina; ¿qué será esto?

Viol. ¡Pues cuidas de mí! ¿no quieres que se quexe? estáse tan vírgen como el dia en que nació.

Pin. Qué, ¿todavía os estais en vuestras trece, porfiorando que Filipo es incapaz para novio?

Viol. Pregúntaselo á Evandro despues, que será el testigo de vista, que yo lo que me dicen aquello digo.

Ser. ¡Oh señor mio, y cómo me lastimais mucho!

Evand. Por los angélicos sanctos, nunca pensára tal cosa. ¡Oh qué virtud tan grande de hembra! haber sufrido la impotencia del marido tanto tiempo, si por vista de ojos no lo viera, todo el mundo no bastaba á hacérmelo creer.

Pin. Bien me paresce que se impone Serafina, que ya no gruñe; y pues ya es de noche, y ellos se toman á la burla, bien será. Violante, que nos vamos á tu cámara.

Viol. Todos los de casa há dos horas que duermen, la puerta está abierta; anda delante y échate, que yo me voy á ver qué hace Artemia, y así aseguraré las paradas.

Pin. Pues yo me voy.