Selv. Por verdad que no me faltaban evidentes razones para del todo confundir las vuestras si no mirase vuestro expreso mandamiento, y que todavía, si vos razonais en favor del amor casto y honesto, no tengo yo por qué vituperalle, por ser en sí loable y bueno. Mas, si esto es así, no sé cómo pedís remedio á vuestra pena, puniéndola tal nombre, salvo si es alguno de los que vuestro maestro Ovidio y otros tales han instituido; en lo cual, porque creais que en todo hago vuestro ruego, no dexaré de señalar algunos á vuestra pasion más convenibles; es pues uno de ellos, que todo amador debe, como capital enemigo, huir la ociosidad, poniéndose en arduos y grandes negocios, con que poco á poco pierdan la memoria de lo que aman. Asimismo leer libros sanctos y buenos, darse á los estudios, usar la caça, ya con canes, ya con volatería, porque estando el cuerpo cansado el dia en semejantes cosas, la noche en dormir gastará sin de más tener memoria. Tambien dicen ser cosa provechosa partirse á otras tierras, desviarse de su vista en quanto ser pueda, pues vemos claramente por experiencia, que miéntras más léxos se hallan del fuego, más seguridad se tiene dél. Tambien es provechoso abstenerse del vino y manjares espléndidos, macerando el cuerpo con ayunos y abstinencias, con que mucho se refrena y resiste la luxuria. Eso mismo, quando se sintieron muy penados, deben de tomar pláticas con otras mujeres, mas no de tal manera que por huir de un peligro caigan en otro mayor. Deben tambien procurar de despedir de sí todas las señales de enamorado, porque de lo fingido suelen venir á lo verdadero. Dicen tambien ser cosa provechosa no estar mucho tiempo empleados en un cabo, porque el árbol de dos dias puesto, más fácil se destruye que el de muchos años. Debe tambien el que desea ser libre de esta pasion desechar de sí á los tales como él que cumplieron sus deseos. Asimismo deben huir la compañía do hay copia de mujeres, y sobre todo no las ver bailar ó tañer, porque entónces tienen la propiedad del basilisco; despues, si acaso la dexáre, debe no tener memoria de los pasatiempos y placeres que con ella tuvo, que es cierto la recaida peor que la caida. Dice despues desto el mismo Ovidio, alguno dirá estos preceptos ser duros y no de sufrir, pero ha de mirar que ninguna cosa grande costó poco, y que quien algo quiere, algo ha de hacer; porque muchas veces vemos al enfermo tomar cosas muy agras y malas, y que lo que pide no se lo dan, y que le constriñen á que tome lo que no querria por ventura ver, y todo lo sufre por ser sano; por lo mismo consiente barrenar su cuerpo con hierros abrasados y otras cosas semejantes. Otro remedio cuenta para el amor el magnífico caballero Pero Mexía en su Silva, con el cual sanó Faustina, mujer de Marco Aurelio; la cual, como excesivamente amase á un esgrimidor de los que hacian los regocijos públicos, y viéndose en peligro de muerte, por esta causa los médicos mandaron matar y quemar al esgrimidor, y los polvos bebidos en vino por Faustina, fué libre de su amor inhonesto; él mismo da otro remedio, á mi ver el más provechoso que se puede hallar, el qual es que quando uno está de amor muy penado, que le casen y junten con quien ama y ansí será libre. Vos, mi buen señor, mirad si alguno destos os hacen al caso, y luégo por obra se ponga: catad que con la brevedad podria haber remedio en lo que de otra manera sería escusado. Asimismo os suplico que me digais qué sentís de mis palabras, y si os he con ellas dado la pena que en mi porfía verdadera poco há recebistes.
Fler. Son tan diversas vuestras razones, señor Selvago, que bien en ellas se muestra lo mucho que de mi propósito estais ajeno, porque si muy bien mis palabras entendiérades el trabaxo que con tan larga plática habeis rescebido, fuera escusado; mas porque del todo no creais que habeis dado palabras al viento, sabed que el remedio postrimero que señalastes, ó la muerte, lo puede ser de mi pena, que en lo demas no os pido yo cómo del amor fuese apartado, que, como otra vez he dicho, tendrie por mejor la muerte, sino manera alguna para en él largo tiempo permanecer.
Selv. Tampoco yo quiero que penseis, señor Flerinardo, que por falta de inteligencia repliqué no á vuestro propósito, porque sabed que todavía por veros fuera de semejante pena (aunque más gloria por vos sea llamada), os truxe á la memoria la doctrina de Nason, deseando que, siendo de vos seguida, saliésedes de la tenebregura y oscuridad en que puesto estais, porque claramente pudiésedes ver la diferencia, que de mis buenos consejos á vuestras escusas no justas se señala. Mas, pues tan duro y tenaz en vuestro propósito os mostrais, y veo ser por demas la citola en el molino si el molinero es sordo, no con poca pena habré de seguir vuestra voluntad, poniendo por obra vuestro querer. Una cosa os pido eficazmente, que me señalés quién ansí fué bastante tan repentinamente á subjetar vuestro corazon nunca domado, para del todo ver si la tal pena con razon sustentais.
Fler. Pláceme, señor, en que os he convencido á lo que tanto deseaba, y por el auxilio que me prometeis, os doy soberanas gracias, quedando en deuda para quando en semejante negocio esteis puesto.
Selv. En otra cosa me lo podeis pagar si algo fuere, que en eso á buen seguro estoy de no os haber menester. Y porque veais en qué lo estimo, os prometo que tomarie quantos juros y rentas me trujesen pagados á cien mil el millar para quando fueseis enamorado y yo fiador, que no se cumpliese tan presto el término como el del otro que mercó el sayo de seda en Granada por gran precio, pagando un real por cada azotado que sacase la justicia hasta que la postura se cumpliese. Mas dexado agora esto, decidme ya, si querés, quién la señora sea, que lo deseo en estremo saber.
Fler. Primero os quiero traer á la memoria una historia antigua para que más asegurado satisfaga á vuestra peticion. Sabed, pues, que, como recita Bocacio y ántes dél Valerio, Candaulo, rey de los lidos, demostrando su mujer, que muy hermosa dama era, á un gran amigo suyo llamado Gigés por habérselo rogado mucho, vino que aquel Gigés, muy enamorado de su hermosura, buscó manera para cumplir sus deseos, y viendo ser imposible en vida del Rey, le mató alevosamente, y siendo él poderoso señor, alcanzó lo que tanto deseaba juntamente con el reino. Bien veo ser esto para con vos escusado, mas, porque es de sabios prevenir con tiempo á lo que acaescer puede, lo digo. La señora que de sola su vista me captivó, sabed que quién sea áun yo lo ignoro por causa que lugar para sabello me faltó; mas di el cuidado desto á mi criado Escalion, que acaso comigo entónces, como suelo, lo llevaba, y como él sea un hombre que en este caso ó para una quistion, en el reino dubdo que se halle otro tal, muy confiado en su buena industria, por no dar causa de sospecha á los que pasasen, á mi posada me vine, dexándole á él allá, donde no ha vuelto.
Selv. Pues así es, envia un paje á saber en qué se detiene, y sea Risdeño mi enano, que muy entendido en cualquier cosa le hallo.
Fler. Muy bien me parece; hacedle venir aquí.
Selv. Risdeño, Risdeño.
Risdeño. Señor.