Art. ¿Y eso me dices? y creo que está en casa Evandro.
Pin. Adevinar, de una dubda me has sacado; déxala, sé que no has de ser tú sola la novia, y á las otras que las papen duelos.
Art. Y ¿ques posible?
Pin. Otra vez doce, y creo que te pesa.
Art. En estar tú, hijo, en medio y haber sido el intercesor, me place en verdad, y pues que así es, démonos de buen tiempo, que este mundo no ha de durar para siempre; y esta vez pase, pero de aquí adelante todo quiero que pase por mi mano, y anden todas, y así se lo dí á Evandro, que de hoy más seamos buenos amigos, y que se quede Pedro en casa y el diablo vaya para ruin. E si mi hijo es bobo, que lo sea en buen hora, que esotra pecadora no ha de estar hecha camaleon deseando lo que sobra á sus vecinas.
Pin. Mucho me huelgo en verdad, señora, de quan cuerdamente lo miras.
Art. Pues ¿qué quieres? ¿téngome de matar por lo que no puedo haber? Déxame, que hoy somos y mañana no; gocémosnos, que Dios sabe en quál casa hay más dinero; pero eso que haces me parece bien, no olvidar las piernas, porque es el caballo lerdo.
Viol. ¡Ah señora!
Art. ¿Qué dices, hija?
Viol. Que en esta hora viene Filipo del aldea y áun no se ha apeado.