Con sus ojos de alegría
¿Quién se los enamoraria?
Esc. Por la temerosa figura de la serpiente Hidra, con mayor gracia y más al propósito no vi cosa decir en toda mi vida; dome á Dios, Carduel, si mujer me hallára, si por tí yo no perdiera oyendo las gargantas que tu tan deleitosa voz levanta, matizadas con la bien ordenada música cordial que tus dedos componen.
Risd. Agora digo que con razon eres enamorado, Carduel.
Card. ¿Qué os parece, señor Risdeño? pues sabed que ello y yo estamos prestos á lo que os cumpliere.
Velm. Aquí es el lugar; bien podeis, señor Carduel, cantar alguna cosita buena.
Card. Luégo se hará, habiendo conocido bien la estancia; ¡ay si nos oyen, con paciencia, no nos envien por colacion algunas lágrimas de Moysen ú sopas de arroyo!
Velm. Señor Escalion, allegaos un poco más comigo, por merced.
Esc. El señor Rubino irá, que quiero gozar de la música.
Velm. No hace al caso, quédense los dos, que si algo fuere menester, cerca es; un silbo lo puede hacer todo.