Esc. Sea como mandáredes.

Velm. De verdad, que bien digo yo que de cobarde tiene Escalion más que de esforzado, que ansí con la música se escusó de llegarse aquí comigo. Mas, ¿qué digo yo? ¿es mi señora Alpina la de la fenestra? Ella es, cierto; ¡oh mi muy amada señora! mirad lo que ordenais deste vuestro criado que por vuestro mandamiento aquí es venido.

Alpina. ¡Oh mi señor Velmonte! rato há que os estoy esperando; decidme, señor, ¿traésme los botines que me mandastes?

Velm. Mi vida, aquí vienen, ved qué quereis que se haga.

Alp. Señor, que deis una vuelta, porque hay ventanas, y de presto os entraréis, que yo tendré la puerta como conviene, que ya todos los de casa duermen.

Velm. Como mandais, señora, se hará. ¡Oh Velmonte, cómo este dia con piedra blanca le has de señalar, pues tan presto gozarás de tan buena y desenvuelta mochacha! La puerta me parece que abre, á la Magdalena me encomiendo.

Alp. Paso, señor, mirad no hagais estruendo, que duermen aquí cerca los mozos, no nos sientan.

Velm. Mi vida, así será como decis.

Alp. Por mi vida, que vuestras obras no concuerdan con vuestras palabras; mas decidme, ¿aquellos que allá fuera tañen vienen con vos?

Velm. Mi señora, sí, que amigos son todos, y áun os digo que está allí un rapaz que canta maravillosamente.