D’una dama tan graciosa
Y de tanta hermosura!
¡Oh si yo tú me volviera,
Y me quedára sentido,
Cómo muy dichoso fuera,
Porque así gozar pudiera
De los gozos de Cupido!
Esc. ¡Oh Carduel, qué bien lo haces! juro al bendito rosario de Santa Marta, que de presente y tan al propósito no vi en mi vida mejor cosa; ¿qué dices en esto, señor Risdeño?
Risd. Digo que tenés razon; mas oidme un poco, veréisme requebrar con la dama, que no será de poco pasatiempo.
Esc. Vé presto, por tu fe, Risdeño, que de cosa no holgaré más que de oirte; mas mira que rajes largo.