Risd. A mi cargo. Despues que mis ojos con temeraria osadía (norte de mi procelosa vida) miraron tu divina y angélica figura, de tal manera quedaron captivos, que más un punto de libertad no han tenido; ¡oh, pues, mi verdadera señora! pídote humildosamente que me digas, pues jamas pensé sino en te servir, por qué así con tanta crueza me quieres de contino tratar. ¿No sabes que en me dar la muerte pierdes un siervo muy leal á tu servicio, y que más que quantos viven firmemente te ama? mas, pues de tu acostumbrada crueza quieres usar, yo te ruego que del todo me des la muerte, porque con ella reciba el descanso que viviendo tan perdido tengo; de lo qual, si bien miras en ello, no te viene otro provecho sino adquirir en tu soberano valor un pernicioso renombre de violenta matadora del que con mayor lealtad jamas sirvió á Cupido.

Moza. ¿Quién es vuestra merced, señor, que en verdad á nadie veo, que no sé si habla alguna piedra?

Risd. Deso reniego yo, mi señora, que mi flaco merecimiento delante de vuestro soberano merecimiento sea nada y en tal por vos siempre tenido.

Moz. Por mi fe, señor, que estaba yo bien ajena que así por mi causa alguno tan perdido estuviese; mas mirad, señor, que por ventura estais engañado, y no soy quien vos pensais.

Risd. ¡Ay mi señora! por mi vida, no me deis tales disfavores, que no tendré poder para los sufrir, que habiéndoos tanto tiempo servido, á manera de desden me digais que no sois vos la que sin vida viviendo me hace andar; que si mi intencion ántes de agora no os he descubierto, no ha sido sino por temor de os enojar; verdaderamente os digo, mi señora, que si las penas que por vos he padecido y de cada dia padezco del todo os fuesen demostradas, no dudo sino que concederíades en mi ruego, movida solamente de piedad de mis ansiosas querellas y penosos trabajos.

Moz. Pues que así es, señor, que tantas penas por mis amores habeis pasado, haced dos cosas que os diré, y con ellas podréis salir de pena.

Risd. ¡Oh mi señora, y cómo me puedo llamar dichoso, pues algo me quereis mandar! por tanto decid, señora, que mil haré, quanto más dos.

Moz. Lo uno es que me digais quién sois, y lo otro que os caseis comigo, que de otra manera será escusado; que de verdad os digo que estotro dia me traian al sacristan de mi lugar, y áun por bien poco se dexó de efectuar, que no fué sino que él ni sus padres ni los mios quisieron; por tanto, ó me responded concediendo, ó partíos de mi puerta, que no parece bien las mozas como yo estar á tal hora hablando con quien no conocen.

Esc. ¡Oh pese á rus con la zuratica! ¿no la ois? de casamiento habla y que no se dará ménos.

Card. Bien vendrá, mas oid qué responde Risdeño.