Risd. El mayor beneficio que mi ventura me pudie hacer es el presente; por tanto, señora, en lo que decis del casamiento, yo me siento por muy dichoso; en lo decir quién soy, para allá dentro lo guardo; por tanto mirad cómo quereis que se haga.

Moz. Señor, primero me lo habeis de decir y jurar que me tomaréis por esposa, que no querria que me engañásedes.

Risd. ¡Oh perla, cómo eres graciosa! Y no quiera Dios que á quien yo tanto quiero engañe; por tanto méteme allá, que á voces no lo he de decir.

Moz. Señor, haré lo que decis; pero la entrada no hay otra si no os atais en una soga que yo os echaré, y con mi ayuda y vuestra ligereza subais; mas hagoos cierto que no estais acá muy seguro, porque si los dos hijos de mi señor nos oyen, no os podréis librar bien si no sentis en vos fuerza para contra ellos.

Risd. Deso, señora, no tengais pena, que aunque los contrarios fuesen siete armados de corazas y capellinas, para el mundo que me tiene, mozo tenés delante, que á todos hiciese cara y los quitase los despojos; por tanto no dubdeis de echar la soga.

Moz. Señor, pues una cosa os encomiendo, que de dos mancebos que son los hijos de mi amo, al menor en ninguna manera hagais mal, porque me dió una sortija de plata y le quiero yo mucho.

Risd. Pues, entrañas mias, pídoos de merced que primero vais á fregar, porque si de fuerza lo habeis de hacer, hecho estará ántes de mi subida, y más porque no lo sientan los que allí hácia nosotros vienen, que me parece mucha gente.

Esc. Gente y mucha, pese á Mars; alto, piés hácia la posada, dad al diablo cuenta con serranos.

Card. Espera, espera, Escalion, que la ronda es.

Alguacil. ¿Quién sois, gentiles hombres? ¿qué armas traeis?