Velm. ¡Oh mi señora Alpina! ¡á Dios quedeis, que voy á ver qué sea esto!
Alp. ¡Oh señor, no salgais, no os acaezca alguna desventura!
Velm. Dexadme, señora, que mal haria que viniéndome acompañar se viesen en algun peligro y no los favoreciese.
Alp. Pues á Dios vais, que en gran fatiga quedo; tomá, que se queda la rodela.
Velm. ¿Qué es esto, Escalion?
Esc. Andad, que allá lo veréis; echad mano, que así conviene muramos como hombres; échense esas lanzas en los pozos.
Velm. ¿No diréis qué es?
Esc. Treinta hombres, que bien lo decia yo ántes.
Risd. ¿Para quién, Velmonte, para quién?
Velm. ¿Que no estais todos muertos, que así me lo dixo Escalion?