Risd. Señor Flerinardo, por cumplir lo que os prometí, sabed que mañana tengo de ir con recaudo de mi señora Rosiana para Isabela; por tanto ved qué me mandais que por vos haga, que de grado lo tomaré á cargo.
Fler. ¡Oh mi verdadero amigo, y cómo nueva de tanto placer no me la hubieras ya manifestado! Sabe que una letra tengo escrita; mira si hay en tí osadía para se la dar.
Risd. Señor, con que vuestro nombre vaya dentro, á mí me place, porque la daré debaxo de algun fingido color.
Fler. Así será como dices; y pues por aquí es el camino, quando hobieres de ir te podrás entrar por allá.
Risd. Bien me parece; así se hará, señor.
Fler. Escalion, tú, Velmonte, quedaos en la posada con los criados del señor Selvago; solamente Risdeño vaya en nuestro seguimiento.
Esc. Albricias te diera porque ántes habláras: alto como saeta que de la ballesta sale, á la gualtería; me llego á ver el cayro que mi puta Lesbia dende ántes de ayer ha cogido, que bien sé que ha tenido feria con los gancheros de la maderada; pues ñégeme blanca, que hago voto solemne á las cenizas del Ilion troyano si el diablo sea bastante de la sacar de mis manos viva; héla, está á su puerta, con mal ojo me mira, pues mándola yo que aunque le pese ha de hacer virtud. Puta, enhorabuena esteis, si quisiéredes; ¿cómo os ha pasado con la maderada? diréis vos, cada dia viniese; pues hágoos saber que á buen tiempo llegó, que, como el vivir, he menester dos escudos, en que tengo mi espada y broquel empeñado, que juro al santo devoramiento de Jonas, un niño me sacase el alma si quisiese, pues mira si es razon que habiendo yo hecho los escesos que tú bien sabes, que ande las manos en el seno; por tanto, sin más me detener, me da lo que te pido, que mi señor Flerinardo me podrá echar ménos en la posada.
Lesbia. Por mi vida, Escalion, que tú vienes donoso cada dia con tus pedidos y demandas; mas dime, ¿quál marimaderada, ó qué dices? que así viva yo que no te entiendo.
Esc. Pues no os me hagais de nuevas, que es Dios mi señor, y no creo en otro, si en él, bofeton os dé que el guante os dexe engastado en lo profundo de los sesos.
Lesb. Quítate allá, Escalion; muestra tus fieros á quien no te conozca, que viejo es Pedro para cabrero, y muy bien he visto hasta dó llega tu lanza; una vez te hube menester, y en todo el mundo pareciste, con tener contigo un tributo; fin tuvo, que cada dia se llega el tercio; requiérote, ó que mudes la condicion, ó hagas cuenta que no me conocistes, que por los huesos de mi madre, que pudren, que si por tí no fuese, rufo hay en el pueblo que sin le dar blanca alzase las manos á Dios porque yo le hablase, y áun no me faltaria una faldilla cada dos meses de su parte, lo que de tí, de cuatro años acá que te conozco, ni áun una sed de agua no he conocido, sino pelarme las cejas, y áun sobre eso malas gracias.