Ros. Muestra esta redoma; triste fué mi nacimiento, que su rostro no da señal en tales experiencias.
Risd. ¿No veis, señora, cómo dixe verdad, que ya vuelve en su sentido?
Selv. ¡Oh querida hermana! ¿por qué no dexastes á mi penosa vida que del todo se acabára, porque sus fatigas hicieran lo mesmo?
Risd. Señora Rosiana, usad del mesmo remedio con vuestra madre, que no ménos es necesario para su vida.
Fun. ¡Ay, ay, desventurada mujer, que de tal hijo ha de ser privada!
Ros. Mi señora, sabed que no es lo que pensais, que ya está muy mejorado.
Fler. ¿Qué es esto, señor Selvago? ¿es por ventura regalo? ¿hoy no estabádes en toda buena disposicion? ¡Válame el poderoso Dios, y qué trocado estais en tan poco tiempo! por mi verdad, que á dubda lo tuviera si por esperiencia no lo hobiera visto.
Selv. En eso verés, señor Flerinardo, qué sentirá el espíritu de dentro, quando tales señales el cuerpo de fuera muestra.
Fler. ¡Cómo! ¿y no sabrémos vuestra enfermedad qué sea?
Selv. No he sentido otra cosa sino que en este instante me sobrevino un tal desmayo en el corazon, que á pocas fuera de me quitar la vida.