Fun. Así plega á su infinita bondad, que con la muerte de vuestro padre sea contento y no me dé otro semejante azote con la vuestra.
Ros. Señor hermano, si por ser yo la persona que más en esta vida con razon os ama, la causa de vuestra poca salud me descubriésedes, no sería pequeña la merced que de vos recebiria, porque no sólo tendríades en mí quien en igual grado que vos vuestro mal sintiese, mas en ello hasta la muerte trabajaria, buscando la medicina en vuestra pena más conviniente.
Selv. Mi querida hermana, bien de poco entendimiento sería yo si á vuestras consolatorias razones negase, pudiendo, su convenible respuesta; mas hágoos cierta que para lo que decis en mí falta el poder de manifestarlo, por ser del todo en ello ignorante; aunque os hago saber que de tal manera lo podria rodear fortuna, que en vuestras manos mi vida ó muerte estuviese. Mas empero al presente, como he dicho, tan poca razon de mi dolencia os puedo dar, como grande sinrazon sería, sabiéndola, querérosla encubrir.
Ros. Pues tal es, señor, vuestro propósito, no os quiero en esto dar más enojo, sino rogar al Criador de todas las cosas que aquella sanidad os envie que más os conviene, porque mi señora madre, de tal hijo, y yo de tan buen hermano, pudiésemos enteramente gozar.
Selv. Ansí, mi señora, os ruego yo, que gran pena me sería dexar en tal tiempo su postrimera edad en pena y vuestra agradable juventud en angustia.
Risd. Señor Selvago, tu gran amigo Flerinardo te viene á visitar, que sabiendo tu mala disposicion, un punto no se detuvo.
Selv. ¡Oh poderoso Dios, que mi fin llega! ¡Ay, ay!
Ros. Señor mio, señor mio; ¡ay desventurada de mí, mi hermano y mi señor muerto!
Fun. ¡Oh, la más triste y desdichada de las nacidas! ¡y no revienta madre que tal pudo ver!
Risd. Mirad, señora Rosiana, que puede ser desmayo; rocialde el rostro y tornará en sí.