Selv. Dime, ¿no vistes cómo contorneó la fenestra y se fué?

Risd. Allá voy, no me vuelvas las palabras, que si bien lo miras, no se entró por tu causa, pues con buen semblante hasta el fin oyó tus razones.

Selv. ¿Pues por qué crees que lo hiciese?

Risd. Alguna cosa le constriñó en ello, lo que se vido claramente en que primero volvió su cabeza que el cuerpo hiciese muestra de se ir; y despues de entrada no contorneó la fenestra sin que pasase algun tiempo primero, y por tanto no conviene, pues eres discreto, que tales extremos muestres sin causa, que no desde el lecho la has de servir, sino padeciendo en pié trabajos y fatigas por su causa. Y pues lo que te digo vees ser así, esfuérzate, que, como dice el refran, visto hemos acuchillados, que podrá ser que otro dia ganes lo que hoy piensas haber perdido.

Selv. ¡Oh, cómo con razon dicen que el sano dice al doliente: Dios te dé salud! Pues hágote saber que más mal hay que parece. Dime, ¿tú no sabes que mi gran amigo Flerinardo pena por ella y que me descubrió á mí su secreto, y que conforme á ley de amistad yo he caido en crímen de traicion?

Risd. No mires en eso, señor, que más obligado eres á tí que no á otro.

Selv. Siendo yo de tu estado y condicion no fuera mucho; mas en el ilustre y magnífico caballero no se consiente, porque no sólo su vida ha de apartar de mácula, mas su fama de pensamiento della, que si bien miras, más se parece en el buen paño la raza que en el no tal, y que tanto en quanto yo y los de mi estado á los del vuestro sobrepujamos, tanto somos más obligados á librar de mácula nuestra fama y honra, y de la misma manera alguna cosa en nosotros sería pecado, que en vosotros no tendría dél especie, por lo qual á mí conviene con alegre voluntad rescebir la temerosa muerte ántes que mi famoso linaje reciba algun peligro en su limpieza; una cosa te ruego por la crianza que en tí he fecho, que el caso á todos hasta despues de mi muerte tengas celado, que sin dubda pienso que su venida no puede tardar, segun lo que mi atribulado cuerpo siente y mi afligido espíritu padece.

Risd. Señor, Dios lo hará mejor que vuestro entendimiento en sí concibe; mas agora mirad lo que conviene, que á vuestra madre Funebra, y hermana veo acá venir.

Funebra. Hijo mio, descanso de mi atribulada vejez, ¿qué sentís? ¿qué mal es el vuestro, que mi ánima, despues de lo saber, ningun descanso ha tenido? Por vuestra vida, mi amor, que me lo digais, que si vos en el cuerpo lo sentís, yo en el ánima lo padezco, por causa de ser vos en quien mi vida, despues de la muerte de vuestro padre, está pendiente.

Selv. Señora mia, grave mal es el que siento, y mayor por ignorar la causa; pídoos, porque no me seais causa de mayor pena, que vos no la tomeis, que siendo Dios servido, yo cobraré salud cumplida.