Selv. Siento tanto, que mi sentido en sentirlo sin sentir queda.

Risd. Di, ¿es enfermedad del cuerpo?

Selv. No, mas poca sanidad del ánima.

Risd. Por ahí anda Isabela.

Selv. Pues dime, adivino malicioso, ¿cómo sabes lo que has hablado?

Risd. Donoso estás, por mi fe, como si yo no estuviera presente quando con ella platicaste.

Selv. Sin dubda, ya no me acordaba; mas ruégote me digas, pues te picas de sabido, ¿qué conjeturas de su meneo concebiste?

Risd. Buenas.

Selv. ¿Cómo no me parecieron á mí tales?

Risd. Puede ser, porque los á tí semejantes los favores que les dan no creen, y por el contrario, el disfavor sin que se les dé le reciben; dígolo por causa que sentí de Isabela, que no le pesaba en que le declarabas tu pena, que es buena señal para tu parte.