Selv. Pues mucho más es mi muerte; mas dime, ¿viene álguien con nosotros?

Risd. Señor, no; que tú los mandastes á todos los criados quedar en la posada.

Selv. Pues así es, pídote que sea secreto lo que has visto, y con esto nos volvamos, que en mí no se halla poder para adelante pasar.

Risd. Sea como, señor, tuvieres por bien.


CENA SEGUNDA DEL SEGUNDO ACTO.

En que Selvago, que con grave enfermedad quedó en su lecho, de su madre y hermana es visitado; asimesmo por su leal amigo Flerinardo, con quien tiene muchas pláticas sobre su inopinada enfermedad. Introdúcense:

SELVAGO. — RISDEÑO. — FUNEBRA. — ROSIANA. — FLERINARDO.

Selv. Aderézame, Risdeño, ese lecho en que este mi fatigado cuerpo el último descanso reciba.

Risd. Señor, ya por obra he cumplido lo que de palabra mandaste; mas dime, yo te ruego, qué es lo que en tí sientes, pues en són de doliente usas de sus previlegios.