PRÓLOGO
DEL AUTOR AL LECTOR.
Si consideramos el famoso dicho de Plinio el segundo, que dice ningun libro haber que bien entendido dexe sin fruto á su lector, con muy justa causa esta mi mal limada obra puede vagar y mostrarse por su patria para causar en ella algun pequeño deleite y moral provecho, atento á lo que el divino Platon maravillosamente dixo, que no sólo para nosotros naciamos, sino para la patria y amigos; lo que de mí algun tanto ponderado, con este pequeño dón, aunque en voluntad grande, la pretendo servir. No dexo de considerar, discreto lector, ser grande mi osadía y mayor mi atrevimiento, en así con mi tosca Minerva quererme poner en lo que claros y doctísimos varones sus excelentísimos ingenios han mostrado, cuyos altos y maravillosos entendimientos, en el cómico estilo disfrazados, no sólo su profundo saber descubren, mas con urbanos dichos y graciosas palabras, astutamente sus sinceras y limpias vidas declarando en satírico modo, la nefanda y mala manera de vivir de nuestro siglo con gran astucia reprehenden. Pues entre otros que de semejante sagacidad han usado, como el sol entre las otras luminarias celestes, el magnífico caballero Feliciano de Silva (radiante luz y maravilloso exemplar de la española policía) mayormente resplandece, y dado que lo dicho sea razon conveniente para yo sin ella en mi temeraria osadía ser notado, considerando que el sol y la luna comunmente á todos los entes cuerpos mortales son provechosos, contemplo asimesmo que una pequeña estrella en particular suele causar provecho en alguno de ellos. Tambien, como por experiencia vemos en el mar, que del fruto de su vientre suele dar mantenimiento con abundancia de pescados diferentes á la mayor parte de la tierra, no por eso dexan de ser agradables y gustosos en algunas personas los pequeños peces de algun manual y chico estanque, por lo cual, dado que evidentemente esta mi rústica y no madura fruta, cogida en mi pequeño cercado, no sea agradable á todos en general, no dexo de tener confiança que alguna preñada por salir á tal tiempo la cobdicie. Y si en esto ansimesmo le faltáre gracia, á lo ménos, siendo como es fruta nueva, alguno sólo para la traer en la mano la deseará. Atento á lo qual, yo de la incusacion en que puedo ser puesto, y ella en la osadía que en se publicar ha tenido, sin otra réplica contraria podrémos ser absueltos; de donde no con menor causa que Cayo Lucilio, en esta mal cortada obra, con razon podré decir que ni á los indiscretos debe ser dada, ni á los sabios ofrecida, que los unos, entregándose sólo en la paja, que es el sonido de las palabras, no sacáran della algun fruto, y los otros, no haciendo caso del grano por la abundancia que en sí tienen, ocupados en otros más arduos exercicios, ningun provecho les podrá tener; solamente en el medio destos dos extremos puede parecer que de lo uno y otro lo que les conviniere sacarán, dando gusto al apetito auditivo con el estilo de sus razones, ansimismo guardando sus sentencias y dichos memorables para su provecho en lo íntimo del entendimiento. Y si por caso algun lugar seco y desaprovechado vieren, podrán proseguir en su propósito, porque los tales casos más son puestos para guardar el decoro y no dexar manco el estilo que por algun vicioso deseo. Su nombre della fué Selvagia, no tanto por ser del principal que se introduce, quanto por ser en sí selvagina y rústica. No va debaxo de algun amparo y defensa dirigida, no por no haberlo menester, mas porque, segun son sus defetos, ninguno bastára. Solamente como desahuciada del vivir, á la batalla sale confiada, no en sus armas defensivas, sino en la mucha benivolencia de los lectores, que no se habrán con ella, por ser novel, á todo riesgo, sino con grande misericordia y piedad, de que resultará que ella viviendo agradecida del beneficio recibido, á todos con voluntad entera agradará, y yo, su auctor, hasta la muerte por lo mismo les quedaré en obligacion, quedando por su verdadero siervo y criado, sometiéndome asimismo en esto y en lo demas á la correpcion de la sancta Iglesia y de sus fieles administradores. A quien, si en lo que dixere algun error se mostráre, por él con humildad pido perdon, pues más mi grande ignorancia que mi pequeña malicia en este caso será la causa.—Valle.
DIRIGE EL AUTOR SU OBRA.
A tí, que los túrbidos mares furiosos,