Esc. A ella he yo menester, señora; por tanto allá subo. Muy buenas noches, señora Dolosina, y á la compañía y todo.
Dol. Muy buenas te las dé Dios, hijo Escalion; ¿qué es lo que mandas en mi pobre casa, que ya sabes que todo está á tu mandar?
Esc. Madre señora, cierto negocio provechoso que se ha recrecido; mas primero que dél te dé cuenta, quiero que me digas quién es esta hermosa doncella, que por la ley del cuaderno, muy bien me ha parecido.
Dol. ¡Ay traidor, cómo se te van los ojos tras la carne nueva! Bien dicen que la tal aplace; mas sábete que es doncella bien quitada de todo ruido, que me ha rogado que la tenga aquí en mi casa algun tiempo recogida, que por ser huérfana de padre y madre, sin algun arrimo de pariente, fuérale trabajoso pasar en su honra la vida, que, mal pecado, tenemos un mundo tal, que las semejantes, estando solas, poca seguridad tienen de las malas lenguas y perversas intenciones, de que se sigue que la mala llaga sana, y la mala fama mata; que lo uno está en causa propia, y lo otro en ajena lengua.
Esc. ¿Cómo es su gracia?
Dol. Libina.
Esc. Pues á fe de gentil-hombre, que si la señora Libina por suyo me recibiese, que no perdiese en ello cosa, ántes se podria alabar que tenía señorío sobre quien no consentiria que su chapin abajase á ménos.
Dol. Hijo Escalion, muy contrarias van tus palabras de lo que yo te he dicho; mas si te parece, dime á qué fué tu venida, porque es hora que dés la vuelta y acá nos recojamos.
Esc. Madre, á solas lo quiero haber contigo, por tanto mira dó quieres que sea.
Dol. Entraos, hijas, en esa pieza miéntras hablamos dos palabras. Ya está hecho, bien puedes decir tu recaudo.