Tras estos dos, entraron otros dos, tambien gallardos moços totalmente diferentes en las libreas; porque el uno venia vestido de tela de plata, ricamente bordado, sobre un caballo blanco no menos ligero que el viento, trayendo en el escudo, en campo tambien blanco, el retrato de su dama, la cual abaxandose, daba la mano á un muerto que estaba ya con la mortaja puesta y tenia por cruz en los pechos esta letra:
Matome su vista sola;
Mas por su divina mano
Nueva vida y gloria gano.
El segundo era un mancebo recien casado, rico de patrimonio, pero grandisimo gastador, y tan prodigo, que siempre andaba lleno de deudas, sin haber mercader ni ofizial á quien no debiese; porque aqui pedia, acullá engañaba, aqui hazia una mohatra, alli empeñaba ya la más rica cadena de oro que tenia, ya su mejor colgadura; de suerte que despues que el padre le faltó, andaba tan empeñado, que la necesidad le obligaba á no vestir sino bayeta, atribuyendolo al luto y sentimiento de la muerte de su padre; y para satisfacer á la murmuracion del vulgo, traia pintada en el campo negro de la adarga una beata, cubierta tambien de negro, más oscura que el del campo de la adarga, con esta letra:
Pues beata es la pobreza,
Cubrame la mia bien:
Bayeta y vaya me dén.
Tras estos entraron veinte ó treinta caballeros, de dos en dos, con libreas tambien muy ricas y costosas, y con letras, cifras y motes graciosisimos y de agudo ingenio, que dexo de referir por no hazer libro de versos el que solo es coronica de los quimericos hechos de don Quixote; y asi, de sola su entrada haremos mencion, la cual fue en la retaguardia de todos los aventureros, al lado del señor don Alvaro Tarfe; que esta traza habian dado para su entrada los jueces. Venia don Alvaro en un buen caballo cordobes, rucio, rodado, enjaezado ricamente, el vestido de tela de oro, bordado de azuçenas y rosas enlazadas, y en el campo blanco de su escudo traia pintado á don Quixote con la aventura del açotado, muy al vivo, y esta letra en él:
Aqui traigo al que ha de ser,