Viendo como de renta
Más de diez mil al año, á buena cuenta.
Y sobre todo aquesto,
Mi braço, mi fortuna y buena estrella
Echaron hoy su resto
En darme un hijo de una diosa bella,
Por quienes, noble y moço,
Mil parabienes y contentos gozo.
Acabose la musica con la letra, y començó la suspension del español á subir de punto, por haber oido los suavisimos de garganta del rico flamenco, dichoso dueño del serafin por quien ya se abrasaba. Llegó un paje, por mandado de su amo, en dando fin al canto, á quitarle de delante el clavicordio; que ya era tarde y tiempo de dar lugar al soldado á que descansase; y para que lo hiziese mandó luego tras esto á otro criado tomase uno de los candeleros de la mesa, y le fuese alumbrando con él al aposento primero del cuarto en que solia dormir su paje de camara, que era vecino de la cuadra en que la dama estaba acostada; con orden de que la diese al mayordomo ó dispensero, para que tuviese en amaneciendo aderezado un buen almuerzo para aquel señor soldado, con deseo de que pudiese salir de madrugada de Lovayna y hazer de un tiron la jornada, llevando hecha la alforja y saliendo desayunado. Despidiose agradecidisimo deste cuidado, y de la merced y regalo recebido del caballero y de su esposa, el soldado, con mil corteses ofrecimientos; y puesto en su aposento y acostado en él, fue tal la bateria que le dieron las memorias del bello angel que adoraba, que totalmente estaba fuera de sí. Reprendia su temeridad, representandosele la imposibilidad del negocio á que aspiraba, y procuraba desechar de su animo una imaginacion tal, cual la que daba garrote á su sosiego. El caballero, al cabo de breve rato que se hubo ido á reposar el soldado, hizo lo proprio, despidiendose de su esposa con las muestras de amor que del suyo, tras tan larga ausencia, se puede creer, guardando el debido decoro al parto recien sucedido; que para no ponerse en ocasion de lo contrario, se entró en otro aposento más adentro del en que la partera estaba. Tuvo el paje que llevó á acostar al soldado consideracion á que venia cansado, y por no haberse de obligar á darle mala noche, le dixo se iria á dormir en otro aposento con otros criados, y asi, que sin cuidado de su vuelta reposase, pues lo haria mejor estando solo; que para el mismo efecto su señor tambien habia apartado cama, y se habia acostado en una que habia en otra pieça más adentro. Fuese con esto, dexando sus ultimas razones con más confusion al amartelado español; porque del entender dormia la dama sola y tan vecina dél, y del verse (contra el orden de Japelin) sin compañia en el aposento, nació la resolucion diabolica que tomó en ofensa de Dios, infidelidad de su nacion, y en agravio del honrado hospedaje que le habia hecho su noble huesped; que á todo le precipitó el vehemente fuego y rabiosa concupiscencia en que se abrasaba. Resolviose pues en levantarse de su cama, y en ir á la de la dama sin ser sentido, persuadido de que ella por su honra y por no dar pesadumbre á su marido ni alborotar la casa, callaria, y aun podria ser que se le aficionase de manera, que yendose su marido, le diese libre entrada y le regalase; y si bien consideraba el peligro de la vida que corria si acaso ella (como era justo) daba vozes, pues á ellas era fuerça saliese el marido y se matasen el uno al otro, de lo cual sucederian notables escandalos y graves inconvenientes; todavia su gran ceguera rompió con todas estas dificultades. Levantose pues á media noche en camisa, y entró en la sala de la dama; y llegandose á ella sin çapatos por no ser sentido, estuvo un rato en pie sin acabarse de resolver; pero hizolo de volver á su aposento, y de tomar la espada que tenia en él; y sacandola desenvainada, volvió muy pasito á la cama de la flamenca, y poniendo la espada en tierra, alargó la mano, y metiendola debaxo de las sabanas muy quedito, la puso sobre los pechos de la señora, que despertó al punto alborotada; y asiendosela, pensando que fuese su marido (que no imaginaba ella que otro que él en el mundo pudiese atreverse á tal), le dixo: ¿Es posible, señor mio, que un hombre tan prudente como vos haya salido á estas horas de su aposento y cama para venirse á la mia, sabiendo estoy parida de ayer noche, y por ello imposibilitada de poder por ahora acudir á lo que podeis pretender? Tened, por mi vida, señor, un poco de sufrimiento; y pues soy tan vuestra, y vos mi marido y señor, lugar habrá, en estando como es razon, para acudir á todo aquello que fuere de vuestro gusto, como lo debo por las leyes de esposa. No habia acabado ella de dezir estas honestas razones, cuando el soldado la besó en el rostro sin hablar palabra; y pensando ella siempre fuese su marido, le replicó: Bien sé, señor, que de lo que intentais hazer teneis harta vergüença, pues por tenerla no me osais responder palabra; y echó de ver tambien que el intentar tal proceda del grandisimo amor que me teneis, y de la represa de tan larga ausencia, pues á no ser eso, no salierades de vuestra cama para venir á la mia, sabiendo me habiais de hallar en ella de la suerte que me hallais. Oyendo el soldado estas razones, y coligiendo dellas el engaño en que la dama estaba, alçó la ropa callando, y metiose en la cama, do puso en execucion su desordenado apetito; porque viendo ella su resolucion, no quiso contradezirle, por no enojarle, como le tenia por su marido; si bien quedó maravillada no poco de ver que no le hubiese hablado palabra; porque sin dezirle cosa se levantó, hecha su obra, y tomando con todo el silencio que pudo su desnuda espada, se volvió á su aposento y cama, harto apesarado de lo que habia hecho; que en fin, como se consigue á la culpa el arrepentimiento, y al pecado la vergüença y pesar, tuvole tan grande luego de su maldad, que maldezia por ello su poco discurso y sufrimiento y su maldita determinacion, imaginando el delito que habia cometido, y el peligro en que estaba si acaso el ofendido marido se levantase antes que él. Tambien á la dama asaltaron sus pensamientos, poniendola en cuidado el no haberle hablado palabra quien con ella habia estado, si seria su marido ó no. Pero resolviese en que seria él, y que la vergüença de haber hecho cosa tan indecente en tiempo que lo estaba ella para semejantes burlas, le habria cerrado la boca. Con todo, propuso, (que no debiera), en su coraçon darle por lo hecho á la mañana una reprehension amorosa, afeandole su poca continencia. Llegada la madrugada, y apenas vistas sus primeras luzes, se levantó el soldado, que no habia podido pegar las de sus ojos con la rabia que tenia de lo hecho; y estando aun la dama durmiendo, pidió á los primeros criados que topó le abriesen la puerta y le excusasen con su señor de no aceptar el preparado almuerzo y provision, pues la prisa de la jornada no le daba lugar para detenerse, ni sus obligaciones permitian aumentase las muchas con que quedaba á toda aquella casa; y aunque los criados porfiaron con él, queriendo ponerle en la alforja lo que para almorzar le tenian aparejado, no hubo remedio consintiese lo hiziesen, diziendo no era de su humor el ir cargado, y que asi le tuviesen por excusado; á más de que una legua de alli, en el camino habia una famosa hosteria, y en ella pensaba detenerse á almorzar con lo cual se despidió dellos y salió del lugar.