Son, que algun curioso escribe,
Y cual en anales vive,
Ana, en mi vuestra memoria.
A Namur dizen ser villa
Rica, fuerte y de beldad;
Mas vos, Ana, sois ciudad
Que cualquiera ha de servilla.
Por cierto, dixo don Quixote cuando acabó de leer el estudiante las coplas, que ellas son curiosas, y unicas á mi ver en su genero: tras lo cual salió Sancho, como solia, diziendo: Señor estudiante, en mi conciencia le juro que son lindisimas, si bien me parece les falta la vida y muerte de Anas y Caifas, personas de quienes hazen copiosa memoria todos los cuatro santos evangelios; y no fuera malo la hiziera v. m. tambien dellos, siquiera para lisongear los muchos y honrados decendientes que aun tienen hoy en el mundo. Pero dexando esto aparte, ¿no me haria placer de hazer otras que, como esas comiençan por Ana, començasen por Mari-Gutierrez, la cual, con perdon de vs. ms. y á pesar mio, es mi muger y lo será mientras Dios quisiere? Pero advierta si determina hazerlas, en que de ninguna manera la llame reina, sino almiranta, porque mi señor don Quixote no me parece que lleva talle de hazerme rey en su vida; y asi de fuerça habré de parar, mal que me pese, en almirante ó adelantado cuando su merced gane alguna insula ó peninsula de las que me ha prometido; y á fe que si como él y yo hemos dado por lo secular, dieramos por lo eclesiastico, que quedaramos bien medrados desde que andamos en busca de aventuras, pues nos han hecho á los dos más cardenales y más colorados que hay en Roma ni en Santiago de Galicia; mas en fin, bien dizen que quien más no dexa, morir se puede. Con este buen entretenimiento llegaron á la noche á la posada, yendo siempre con ellos los dos estudiantes, por lo poco que don Quixote caminaba; que no era más que cuatro ó cinco leguas cada dia; ni aun Rocinante podia hazer mayor jornada; que no le daban lugar para ello la flaqueça y años que tenia á cuestas. De suerte que caminaron tres dias sin sucederles cosa de consideracion; aunque en todos los lugares eran bien notados y reidos, particularmente en Hita, por las cosas que don Quixote hazia con la reina Zenobia, la cual no era poco conocida de toda aquella tierra, ni menos de los estudiantes, que cada dia dezian á don Quixote sus virtudes; si bien era imposible persuadirle cosa en contrario de lo que della tenia aprehendido su quimerica y loca fantasia.