—No—responde un pajarillo,—no es un artista, porque lleva pantalón de plata; pero puede ser un príncipe.

—Puede ser un príncipe—repite otro pajarito.

—Ni un artista, ni un príncipe—interrumpe un viejo ruiseñor, que había cantado durante una primavera en los jardines de la subprefectura.—Yo lo conozco: es... ¡un subprefecto!

Y por todo el bosquecillo repítese sin cesar:

—¡Es un subprefecto! ¡Un subprefecto!

—¡Está muy calvo!—observa una alondra muy moñuda.

Las flores preguntan:

—¿Es mala persona?

—¿Es mala persona?—preguntan las flores.

El viejo ruiseñor contesta: