[Nota a: Pág. 74. y sig.]

[Nota b: Virgil. Georgic. lib. 2. vers. 490.]

[Nota c: Wolf. Ontolog. Pars 1. sec. I. cap. 2. §. 70. pág. 28.]

[46] Para hacer las demostraciones à posteriori, conviene saber que hay ciertas causas que obran en la naturaleza ocultamente, de modo que en sí mismas no se presentan á nuestros sentidos, y solo llegamos con ellos á percibir sus efectos. El ayre en muchas ocasiones influye en los cuerpos sin hacerlo por ninguna qualidad sensible, sino por una oculta fuerza (Hippócrates la llama divina), que solo nos consta por los efectos que causa. A este modo son ocultas muchas enfermedades internas, las virtudes y modos de obrar de los venenos, y otras muchísimas cosas, de modo que en esta linea en lo físico, debemos confesar, que es mas lo que ignoramos que lo que sabemos. Mas los efectos que así vienen de causas ocultas son en dos maneras: unos son totalmente inseparables de su modo de obrar, porque dimanan inmediatamente del poder de la causa, que dexaria de serlo si no los produxese: otros son contingentes, como que para su produccion se requieren ciertas circunstancias en el sugeto en que obran, las quales, por ser varias, hacen diversidad en la produccion. A los primeros llamaron los Griegos [Griego: Epiphenomenos] Epiphenomenos, que quiere decir que se manifiestan juntos con la causa: á los segundos [Griego: Epigenomenos] Epigenomenos, que vale tanto como que vienen despues. Unos y otros se ven en las enfermedades, en las plantas, y en las mas de las producciones de la naturaleza. Con los Epiphenomenos, formando primero historias exâctas de ellos, se hacen demostraciones à posteriori, en que se descubre la actividad é influencia de las causas ocultas: con los Epigenomenos bien observados se conoce la vehemencia y éxîto, ó término de la operacion. De ambos me he valido yo en mi Práctica Médica para manifestar las enfermedades por sus símptomas, dando de este modo el conocimiento mas fixo que se puede tener en estas cosas. Como el corazon del hombre es oculto, las demostraciones de los Políticos, si es que las hay, pertenecen á esta clase. Los Lógicos dicen, y conviene confesarlo, que las demostraciones à posteriori nunca son tan exâctas ni tan fixas como las que se hacen à priori. No pongo exemplos de esto, porque todos mis escritos Físicos y Médicos estan llenos de ellos; ó, por decirlo mas claro, he procurado que fuesen un exemplo de estas reglas. Por lo que llevamos propuesto se echa de ver quánta diligencia, sagacidad, exâctitud, y exámen se requiere para hacer buenas demostraciones, y quán distantes de serlo están muchas que se dan por tales en los libros modernos. El GENUENSE ha llenado de este especioso título casi todos sus argumentos, y bien mirados, apenas llegan muchos de ellos á una fundada probabilidad. Tan lejos estan de la demostracion. Estos efectos, así necesarios como contingentes, son los signos de sus causas, de modo que los primeros la descubren con seguridad por su necesaria conexîon con ella: los otros no la muestran con tanta firmeza. A los primeros llamaron los Griegos [Griego: tekmerion] techmerion, á los segundos, [Griego: semeion] semeion, y de ambos usó primero con mucho acierto HIPPÓCRATES en la Medicina: despues hizo ARISTÓTELES mencion de ellos en su libro [Griego: Peri Ermeneias] de Interpretatione. Esta advertencia de los signos es de suma consideracion, no solo en las Ciencias, sino en el trato comun. Descúbrense con ellos las cosas ocultas, con tal que se distingan los necesarios de los contingentes, y á cada clase se le dé el valor de certeza que le corresponde. Grandes errores se han cometido en las predicciones, adivinaciones, y profecías, por tener por signos fixos del primer orden los que no lo son: todavía se cometen mayores en lo político y en el trato civil, acostumbrándose los hombres con signos ligeros (llámanse sospechas) ó muy contingentes, que á lo mas hacen conjeturas, á asegurar la intencion de los que censuran. La mayor parte de los juicios temerarios nacen de la mala observacion y poca diligencia que se tiene en estos signos. Lo que hemos dicho hasta aquí ha de entenderse de los signos naturales, porque las cosas que indican á otras por instituto de los hombres, como los vocablos de las lenguas provinciales, y el ramo sobre la puerta, que en algunos lugares significa el vino para vender, y otras cosas á este modo, facilmente se entiende lo que significan, si se pone cuidado en el uso que los hombres á su beneplácito les han dado. La doctrina de los signos bien entendida es sólida, y debe ocupar en la Lógica el lugar que los Escolásticos dan á su tratado del Signo, donde no se explica nada util, y todo se reduce á qüestiones pueriles, que emboban á los niños, y con ellas sin aprender cosa alguna, se hacen tenazmente disputadores, y porfiados.

CAPITULO XV.

De la Opinion.

[47] Quando el entendimiento, ó por los primeros principios, ó por las demostraciones, alcanza claramente la verdad, queda convencido y satisfecho, porque posee el bien á que aspira; mas quando se aplica á saber una cosa, y no ve la conformidad de ella con los principios ciertos de discurrir, queda con desconfianza y temor (en latin formido), y este conocimiento es el que se llama opinion: de modo que la opinion es un concepto mental con que el hombre no ve, ni descubre claramente su conformidad con las primeras verdades. Mas si llega á entrever la conformidad de lo que busca con los primeros principios, se llama este concepto verosimil, y si se puede fortalecer con argumentos se llama probable, bien que siempre queda en la esfera de dudoso, lo que no puede demostrarse por sus principios fundamentales. De dos maneras se forman las opiniones. El un modo es quando hay principios que pueden servir para la certidumbre, y el entendimiento, ó no los alcanza, ó no ve los medios de llegar á ellos. Los que en las Ciencias estudian poco y sin buena guia, aunque ellas prestan principios fundamentales, se gobiernan por meras opiniones, porque ni saben los principios, ni pueden enlazar sus conceptos con las verdades fundamentales. Lo mismo sucede á los que quieren hablar de las Artes, que no profesan, ni conocen; porque ¿cómo pueden fundar sus discursos en un asunto, en que ignoran los principios, que han de servir de basa á sus razonamientos, y los medios de enlazar estos principios con sus conceptos? Si los hombres se contuvieran en los límites de la razon, no serían tan temerarios en juzgar de lo que no entienden, y dexarian que cada cosa la manejasen los que son verdaderamente perítos en ella. En los poderosos es donde está mas arraigado este defecto. Crece en ellos el amor propio con el poder, y como son superiores á los demas en la autoridad, lo quieren ser tambien en el entendimiento, siendo así que este no reconoce otra superioridad que la de la razon. El hombre mientras pueda no ha de gobernarse por opiniones, y debe aspirar á la demostracion, para esto es menester que se instruya en los principios fundamentales del saber, que procure conocer las cosas, y formar difiniciones, y divisiones de ellas, que trabaje en descubrir sus causas, y en distinguirlas por sus propios signos, y así de grado en grado ir caminando hasta hermanar sus conceptos con las verdades primitivas. Si esto se hiciera así, mayor sabiduría tendrian los hombres; mas lo que sucede es, que por lo comun, y en las mas de las cosas somos como una tropa de niños, que creen haber en la cima de un monte encumbrado y áspero frutas de su gusto, y no las pueden lograr, porque ni tienen fuerzas, ni saben los caminos, quando los hay, para subir á ellas. He dicho quando los hay, porque nuestros mayores han trabajado en abrir las sendas para hallar la verdad, y somos tales, que por ignorancia, desidia, ó mala instruccion, no las seguimos, y así nos gobernamos con opiniones vanísimas. Si esto hacemos en los caminos abiertos, ¿qué se podrá esperar de nosotros en el discurso de las cosas en que todavía están por descubrir? No sin fundamento algunos han llamado á la opinion Reyna del mundo, por lo poco que se cuida de averiguar con certeza la verdad. El vulgo ínfimo que suelen llamar de escalera abaxo, es en esto de mejor condicion que el vulgo alto, que llaman de escalera arriba. El Pueblo que constituye el primer vulgo regularmente se gobierna por las primeras nociones sensibles, y por las mas simples combinaciones del ingenio. En lo que es mas recóndito recibe la ley de los que tiene por inteligentes, y se subordina. El vulgo elevado no es así, porque se cree capaz de juzgar de todo, y lo hace con gran satisfaccion, pero sin conocimiento; de modo, que los errores del Pueblo en cosas substanciales siempre dimanan del vulgo superior á quien mira como Maestro. De esto es un exemplo continuado el trato del mundo, y debe entenderse de las cosas, que por su asunto y la poca seguridad con que se tratan, quedan en la esfera de opiniones, puesto que son muchísimas las que se tienen por tales, y son manifiestamente falsas. No solo el vulgo está lleno de opiniones por no atender á los principios fundamentales de la razon, sino tambien los Filósofos, NEWTON, hombre de grande ingenio, miró como leyes generales de la naturaleza la gravedad y la atraccion, y todas sus operaciones las quiso reducir á estos principios. Que hay gravedad y atraccion en algunos cuerpos no se puede dudar; mas que sean estas cosas generales en el universo lo niegan muchos. Demos por ahora que lo sean: ¿por dónde se ha de probar que no hay otras muchas leyes universales en la naturaleza para producir sus obras, que ni pertenecen, ni se pueden reducir á estas? ¿cómo la gravedad y atraccion intervienen en la constante produccion de flores en la Primavera, y en el caer de las hojas en el Invierno? Las fermentaciones, cocciones, fluidez, y movimientos de los cuerpos fluidos: el sueño y vigilia, los periodos, la generacion y corrupcion de los animales, y otras innumerables cosas á este modo, ¿qué conexîon tienen con la gravedad y atraccion? Sé muy bien que FREIND, KEIL, MEAD, todos tres Médicos doctos, han intentado explicar estas cosas por las leyes Newtonianas; ¿pero con qué violencia y extravios? Si estos Filósofos en sus discursos hubieran tenido mira á todos los principios de la Física, y hubieran considerado todas las leyes de la naturaleza, refiriendo á ellas sus proposiciones, hubieran aprovechado mas con su talento para caminar á la certidumbre y la demostracion, habiendo ahora quedado sus discursos en los términos de meras opiniones. Lo mismo habian hecho antes los Físicos de las Escuelas. Con sus dos principios de materia, y forma, junto con las dotes y calidades que á cada una de estas cosas atribuían, se creían entender quanto executa la naturaleza. En materia de Religion caminan de la misma suerte muchos sectarios. No admiten mas que un principio, que es la Sagrada Escritura; y faltándoles la mira al otro principio, que es la tradicion, cometen mil errores, que quieren sostener como fundadas opiniones. Mézclase en esto el amor propio como en todos los conceptos mentales, y con los afectos de interes, de partido, de vanagloria, y otros semejantes se mantienen sin querer exâminar y reconocer los verdaderos principios que han de servir de basa á sus discursos. Si el estudio se pusiese en alcanzar los principios radicales de las cosas, no habria, aun entre los Filósofos, tanta diversidad de sentimientos. Al que no está bien instruido en los fundamentos, le parece extraña una verdad, que se puede demostrar. El Geómetra demuestra con toda evidencia, que en el triángulo rectángulo el quadrado que se forma sobre la hypotenusa, esto es, sobre el lado opuesto al ángulo recto es igual á los quadrados que se forman sobre los otros dos lados. Esta verdad certísima y evidente parecerá increible al vulgo, y causará admiracion á los Filósofos que no están instruidos en Geometría. Son muchos los asuntos en todas clases donde sucede lo mismo, pues solo llegan á la verdad los que entienden los principios; los demas no alcanzan nada, ó se confunden con inciertas opiniones.

[48] El otro modo de formarse las opiniones consiste en no atarse el entendimiento á las verdades fundamentales, sino tomar en lugar de ellas por principios lo que le sugiere su propio ingenio. Este es el origen de los sistemas, y la raíz de tantas opiniones como reynan entre los literatos. La voz sistema en su rigurosa significacion muestra un conjunto de cosas conexâs entre sí. Acomodóse en otro tiempo á cosas serias, y vanas. Mas desde que los Filósofos siguiendo á los Astrónomos han aplicado el sistema al orden de pensamientos con que intentan satisfacer las dificultades que ocurren en las cosas, formándose principios arbitrarios para explicarlas, se ha limitado su significacion á mostrar las varias opiniones filosóficas, sostenidas con conexîon de discursos fundados sobre los referidos principios. En este sentido se opone el sistemático al experimental en lo físico, porque este no admite otros principios que las leyes de la naturaleza conocidas por la experiencia; de modo, que la conexîon que guarda, sin salir jamas de la observacion, consiste en enlazar unas leyes de la naturaleza con otras, y no deducir conseqüencia ninguna que no tenga por antecedentes lo descubierto por la experiencia. El sistemático por el contrario nunca pierde de vista los principios que se ha figurado, y no siendo estos naturales, tampoco son conformes á lo natural sus raciocinios. En mi discurso sobre el Mecanismo se puede ver explicado esto con muchos exemplos. Si se miran atentamente tantas y tan extrañas opiniones, como se fomentan en las Escuelas, se hallará que, ó consisten en la confusion y obscuridad de las voces, ó en los principios voluntarios que cada partido toma para defenderlas. Así se ve, que donde quiera que se conforman en los principios, solo disputan de los adherentes. Esta costumbre ha trascendido á la Teología, donde si solo se tratasen las qüestiones que pueden resolverse por la escritura y tradicion, que son los principios fundamentales de la Religion Christiana, mantendria la magestad que le es propia; mas como dexado este camino se mueven dudas de cosas que no hay principios ciertos para resolverlas, puesto que ni constan por la tradicion, ni por las Escrituras, se buscan para su resolucion principios tomados de la Filosofía, la qual, como toda la que se usa en las Escuelas es sistemática, hace tambien sistemática la Teología. Obsérvense atentamente las ruidosas discordias sobre la Ciencia de Dios, sobre la Gracia, sobre el libre albedrio del hombre, y la combinacion de estas cosas entre sí, y se verá que las disputas se mantienen porque quieren explicar, cada uno segun su partido, de un modo humano lo que es divino, esto es, lo que es recóndito en los altísimos senos de la Sabiduría Divina: y lo que no se ha manifestado á los hombres por medio de la Escritura y tradicion, lo quieren alcanzar por sus pensamientos puramente humanos, como si los inmensos atributos de Dios estuvieran sujetos á la flaqueza de los hombres. Cuidad mucho, decia el Apostol, no os engañe alguno con la Filosofía (Epist. ad Colossens. c. 2. v. 8.) … mis palabras no se fundan en las persuasiones de la humana sabiduría (Paul. ad Corinth. epist. 1. c. 2. v. 4.). En los libros donde se trata la Moral Christiana es donde hay mas opiniones, debiendo ser donde hubiese menos. Es sumamente perjudicial á la Religion y al Estado el estampar tantas Sumas de Moral llenas de opiniones, y escritas con tan poca cultura, que mas parecen libros para las Barberías que para las Iglesias. Si las costumbres han de gobernarse por lo que enseñan las Divinas letras, las tradiciones Apostólicas, la doctrina de los Padres, los cánones de los Concilios, que son los principios fundamentales de la Moral: ¿cómo han de dirigirlas los que solo estudian unas Sumas, donde lo que se trata no se reduce á estas verdades fundamentales? Si el Derecho Natural y de Gentes, y la razon instruida de estos principios, puede aprovechar muchísimo á ilustrar las verdades católicas sobre las costumbres: ¿qué se ha de esperar de unos libros, donde no se trata nada de esto, ni sus Autores por la mayor parte han cultivado este estudio; antes bien muchos de ellos hacen alarde de despreciarlo? El Padre CONCINA en una erudíta Disertacion que compuso sobre esto, intenta probar que el Moralista que dá dictámenes de conciencia sin estudio fundado de las Divinas Escrituras, de los Padres, y de los Concilios, falta gravemente á su obligacion. En lugar de estos principios substituyen otros arbitrarios que sirven para acomodarlos á sus opiniones. Han tomado por máxîma cierta que el Angel malo por la dignidad de la naturaleza angélica puede todo quanto hace y executa la naturaleza: añaden otra máxîma, que habiendo quedado en los Angeles malos su ciencia, con ella pueden, aplicando las causas eficientes á los sugetos (activa passivis), obrar cosas maravillosas; de aquí han nacido los vuelos de las brujas, la impotencia respectiva por maleficios, los hechizos, encantos, y otras monstruosidades en que se emplean muchas páginas, y se pierde muchísimo tiempo. De los Angeles buenos y malos, de su ciencia, de su poder, no hay otras noticias que las de las Sagradas Escrituras. La Santa Iglesia, fiel Intérprete de ellas, nada nos manda creer sobre esta potencia tan decantada, y mucho de lo que de ella se dice está fundado en los principios de la comun doctrina de las Escuelas, como lo he mostrado en mi discurso sobre la aplicacion de la Filosofía á las asuntos de Religion. En fe de esto, el mantener tantas qüestiones sobre maleficios, pactos implícitos y sus efectos, como hay en las Sumas de Moral, ¿puede servir para otra cosa, que para fomentar vanas opiniones, y radicarlas en el Pueblo, de donde de todo punto se debieran desterrar? Son certísimos los documentos que dió el Divino Legislador Jesu-Christo para dirigir bien nuestras costumbres: son de inviolable fe los cánones que la Iglesia nos prescribe para este efecto: es de sumo peso la doctrina que los Padres nos han dexado, gobernados de las propuestas luces para que nuestras obras sean laudables: son fixos y ciertos los principios del Derecho Natural, y de las Gentes para dirigir nuestra conducta en ese ramo. Si hay, pues, estos principios ciertos, seguros, é indubitables, ¿á qué propósito inventar otros para fomento de opiniones? ¿Será creible que Dios nos haya dado luces para hacer demostraciones físicas, matemáticas, y de otras cosas puramente mundanas, y nos haya dexado envueltos entre dudas y discordias sobre nuestra salud eterna? No digo por eso, que todo se haya de demostrar en lo Moral, porque los adherentes que se mezclan con los asuntos principales, nuestra flaqueza, ignorancia, y descuidos hacen, que no siempre podamos llegar á ver con toda evidencia la conformidad de nuestras resoluciones con las verdades fundamentales; pero estoy cierto, que si se estudian los verdaderos principios del Moral, y se trabaja en hacer la debida aplicacion de ellos al exercicio de nuestras operaciones, se procederá con mas acierto en materia de costumbres, y se podrán quitar de este estudio un copiosísimo número de opiniones ruidosas.

[49] En los tiempos antiguos, sin estas Sumas oían los Doctores Eclesiásticos las dudas de los Fieles sobre su modo de obrar, y las resolvian por estas máxîmas; y si no alcanzaban á hacerlo en casos muy graves, consultaban los Obispos, los quales, segun la doctrina de la Iglesia, cuya custodia les está encargada, quitaban las dificultades. Para dirigir el juicio con acierto en las opiniones conviene distinguir las cosas de hecho y las de doctrina. Llamamos cosas de hecho las que son, han sido, ó han de ser, así en lo Físico, como en lo Moral, de manera, que lo que se busca en ellas es, si exîsten, han exîstido, ó han de exîstir. Cosas de doctrina son las averiguaciones que hace el entendimiento de la esencia, causas, atributos, &c. de las cosas de hecho. Quando las cosas de hecho son puramente físicas, los principios fixos que hay para juzgar de ellas son las noticias que dan los sentidos y la experiencia que dimana de ellos. Lo que no pueda reducirse á estos principios es incierto, y por mucho que se quiera fundar, pára en opinion, debiendo poner cuidado en no asegurar lo que no puede reducirse á los principios primeros. Los antiguos en esto fueron mas cautos que algunos modernos. Observaban muchas obras de la naturaleza, cuyas causas y modos de obrar eran ocultos por no presentarse á los sentidos, como la generacion de los metales, las virtudes de los venenos, las simpatías, los periodos de las tercianas, y otras semejantes, el origen, aumento y carrera de la vida de los animales y de las plantas, y otras muchísimas cosas que están sumergidas en lo mas profundo del pozo de Demócrito, y se contentaban con ver los efectos que se observaban con los sentidos, y lo demas decian que venía de una virtud y qualidad oculta. Los modernos han vituperado esta explicacion, como que la qualidad oculta es asilo de la ignorancia; pero si se vé lo que han adelantado en estas cosas, se hallará que no son mas que razonamientos sistemáticos, que cada cincuenta años se mudan, porque por muy especiosos que sean, con el tiempo se conoce su poca, ó ninguna subsistencia. El que está instruido en la Historia Filosófica sabe que esto es verdad. ¿No fuera mejor confesar la ignorancia de una cosa que hasta ahora no se ha podido alcanzar, que engañar con arrogantes y vanos discursos á los incautos? Una de las cosas en que se conocen los grandes talentos es la confesion ingénua de lo que ignoran, y el cuidado que ponen en no afirmar lo que todavía no está descubierto. Si los asuntos sobre que recaen las opiniones viniesen solos, no fuera tan difícil averiguar su conformidad con los primeros principios; mas viniendo juntos con muchos adherentes inseparables, son tambien muchos los principios á que se ha de atender para juzgar con acierto. ¿Dúdase si deberá ayunar una muger preñada? Aquí se juntan las obligaciones del ayuno, y las de mantener el feto. Si las leyes del ayuno le prescriben la abstinencia de ciertos manjares, y las limitaciones de usarlos, las de la conservacion propia y del feto le dictan que use de los mantenimientos que por su calidad y cantidad sean á propósito para sustentarse á sí, y á lo que lleva en sus entrañas. En esta combinacion de leyes, que son los principios por donde se ha de resolver la qüestion, es preciso atender á las mas urgentes y necesarias por la máxîma primitiva de acudir á lo mas preciso sin despreciar lo demas quando hay lugar; y siendo mas necesaria la conservacion propia, y la del feto, que la mortificacion que se intenta con el ayuno, prefiere el entendimiento las leyes naturales á las Eclesiásticas, y resuelve que la muger preñada no está obligada al ayuno. Si una madre criando á su propio hijo padece mucha quiebra en la salud, ó está en peligro de padecerla, ¿se duda si ha de continuar? Por una parte está el amor natural de los padres, y la ley que dicta la obligacion de sustentar á sus hijos: por otra está la ley de la caridad que ha de empezar por uno mismo. El hijo ya nacido es próximo, bien que en esta linea es el mas inmediato y mas cercano; el que está en el vientre de la madre es como parte de ella. Los mismos principios que exîmen á la muger preñada del ayuno, exîmen tambien á la que ha parido de criar á su hijo, quando hay daño manifiesto en su propia conservacion. A este modo han de reducirse todas las dudas á sus principios; y por el enlace que tienen las cosas y los negocios conviene instruirse en las máxîmas fundamentales de la razon y de las Artes; y quando esto no pueda hacerse asociar á sí perítos ingenuos, que con candor muestran las conexîones de las cosas con los fundamentos de la razon en cada materia. Así que el Letrado, que no sabe mas que las leyes, no puede resolver por sí solo con acierto los casos que llevan adherentes de Física, Medicina, Política, Agricultura y otras Artes. Lo mismo ha de entenderse del Teólogo y Canonista, debiendo todos aplicar sus luces á lo que entienden, y valerse de otros en lo que necesiten, que esto y mucho mas merece la verdad y los beneficios que han de esperarse de ella.

[50] Los afectos del ánimo, que inseparablemente acompañan á las opiniones, estorban el buen uso de ellas. El amor propio, que incita al hombre á no reconocer superior, le hace creer que lo que piensa es lo mejor y mas acertado: cada uno sostiene sus opiniones como verdades fundamentales, y no da oidos á ninguno que piense de otra manera. Como aborrecemos todo lo que nos es contrario, de ahí nacen los odios y enemistades entre los de opiniones opuestas, y de estos las injurias, venganzas, y otros males gravísimos que cada dia tenemos á la vista en los profesores de todas las Facultades. La razon dicta, que nadie se tenga por Juez y árbitro de la verdad en cosas opinables, que nos oygamos, pesando las razones de cada uno recíprocamente, que abracemos la verdad, aunque venga de nuestro mayor enemigo, que el que tiene mas luces, se compadezca del que no las tiene, y que nunca hagamos guerra de la voluntad, lo que solo es oposicion del entendimiento. Como el extinguirse las contiendas de cosas que importan poco entre los profesores de Teología, es necesario para que reyne la paz, y la verdad no padezca detrimento, quiero poner lo que el Emperador CONSTANTINO aconsejaba á los que turbaban la Iglesia con qüestiones voluntarias, vanas é importunas, contrarias á la edificacion de los Fieles: "Las qüestiones que ninguna ley ni regla Eclesiástica prescribe con obligacion, antes dimanan de vanas altercaciones, aunque no se propongan sino con el fin de exercitar el ingenio, deben contenerse en lo interior de la mente, y no sacarlas á la vista del Pueblo, ni fiarlas inconsideradamente á los oidos del vulgo…. Ni es conveniente que por vuestras contiendas imprudentes sobre cosas de tan poco momento se lleve el Pueblo á disension…. Si los Filósofos, aunque por la doctrina que cada uno de ellos sostiene estén discordes, con todo están unidos por la profesion con que mutuamente conspiran, no será mucho mas razonable que los que somos siervos de Dios Todo poderoso estemos unidos, conformando nuestros ánimos por el instituto de la Religion que profesamos? Pensemos con mas cuidado: si será del caso que los hermanos riñan con los hermanos por una liviana y inutil contienda de palabras, y que la paz se quebrante con impía disension por vosotros que altercais por cosas tan pequeñas, y en manera ninguna necesarias? Son estos procedimientos populares y mas propios de la ignorancia de los niños que de la sabiduría de los Sacerdotes y hombres prudentes … y siendo entre vosotros una misma la fe y una misma la creencia de Religion: obligándonos el precepto de la ley á tener conformes las voluntades, esto que ha movido entre vosotros la contienda, puesto que no pertenece al principal fundamento de la Religion, no hay motivo para que mantenga entre vosotros la discordia y la sedicion. No digo esto para obligaros á que seais en todo de un mismo parecer, porque ni queremos todos una misma cosa, ni pensamos de una misma manera; pero debe mantenerse entre todos la union y la paz, aunque haya disension en cosas de poco momento[a]."