[Nota a: Eusebius de Vita Constantini, lib. 2. capit. 69. tom. 1. pagin. 391. edicion de Amsterdam, año de 1695.]
[51] Para el remedio que debe aplicarse, segun buena Lógica, á fin de llevar el entendimiento, en quanto sea posible, á la demostracion, y no entregarse á las opiniones, ademas de las máxîmas que hemos propuesto antes, será conveniente, que en qualquiera qüestion que se haya de tratar, se mire primero si hay principios y verdades fundamentales para resolverla, y si los hay, todo el cuidado se ha de poner en hallar la conformidad de lo que se busca con los principios, haciéndolo de raciocinio en raciocinio, como hemos explicado, tratando de las demostraciones: si no hay principios, ó no se han descubierto hasta ahora, es en vano buscar la certeza, y conviene entonces suspender el juicio y no dar asenso á lo que se concibe. Si las cosas donde no hay principios para resolverlas son puramente teóricas, es perder el tiempo meterlas en disputa, como son muchas qüestiones de la Teología, Metafísica, Física, y otras Artes: si son prácticas, de manera que sea menester proceder á la obra, entonces se ha de solicitar la mayor verosimilitud, que se consigue buscando para nuestra conducta la conexîon que nuestro dictamen pueda tener con verdades ya conocidas, ayudándonos para esto de la semejanza, correspondencia de acciones, tiempos, &c. De esta manera se procede por lo comun en la Política, y alguna vez en la Moral. Quando hay principios y verdades fundamentales, que se ignoran por falta de estudio y aplicacion, ó no se descubren por negligencia, son claros los remedios que se han de aplicar, pues consisten en trabajar contra la ignorancia, dexar la pereza, y aplicar todo el cuidado en descubrir la conexîon que tiene con las verdades fundamentales aquello que se quiere saber. Si los principios son fingidos como en los sistemáticos, el remedio es un absoluto desprecio de todas sus opiniones. En este importante asunto de gobernar el entendimiento en las cosas opinables, conviene mas que nunca tener presente el consejo del Apostol: Omnia probate, quod bonum est tenete.
CAPITULO XVI.
De la Crítica.
[52] Entre los Filósofos antiguos hubo algunos que dixeron que el entendimiento humano no alcanza verdad alguna, y que en todas las cosas no ve mas que apariencias, y sombras, por donde dudaban de todo y no se daban por seguros de nada. Llamáronse Scépticos de la voz griega [Griego: Skephis] scepsis, que quiere decir consideracion, como que toda su Filosofía se empleaba en considerar y atender las cosas, sin afirmar, ni negar nada de ellas. Por el presente basta esta noticia, porque el tratar los varios grados y nombres que tenian los Filósofos con el modo de considerar y dudar de las cosas, pertenece á la Historia Filosófica. En la antigüedad SEXTO EMPIRICO, Escritor Griego, trató y explicó la Filosofía de los Scépticos con mucha extension. Esta Obra debe ser leida para saber muchas cosas de los Filósofos Griegos, que no se hallan facilmente en otra parte; pero conviene saber, que los argumentos con que quiere Sexto Empírico patrocinar el Scepticismo universal, demas de la nimia prolixidad, son muy superficiales y de poco momento, como lo conocerá quien quiera que le lea con atencion. En nuestros tiempos, en que con título de inventos no se hace otra cosa que renovar las opiniones antiguas, ha vuelto á renacer una secta de Scépticos de peor condicion que los antiguos, porque llevan la duda mas allá que estos, y la extienden á las cosas de Religion. Bien comun es el pernicioso libro, que se publicó en Francia no ha muchos años con el título: De la flaqueza del entendimiento humano, donde el scepticismo se defiende con mas rigor que en la escuela de Pyrrhon. Atribúyese al insigne PEDRO DANIEL HUECIO, Obispo de Avranches, y hay muchos que así lo creen; pero MURATORI, que impugnó este libro con otro que compuso de propósito con opuesto título, ha puesto en duda que fuese de este docto Prelado[a]. Aquí no pertenece rechazar á estos Sectarios, ni de ello hay necesidad, porque lo que llevamos escrito, y lo que cada uno sabe que le sucede, meditando en sí mismo, es un testimonio calificado contra tales Filósofos; y entiendo que todo el género humano, gobernándose por sus nociones y verdades originales, es un testigo firme y un impugnador perpetuo de sus errores. Los demas Filósofos, creyendo que se alcanzan algunas verdades, trataban del modo de adquirirlas, y á este exámen llamaron [Griego: Kriterion] Criterion, y al juicio que resultaba [Griego: Krisis] Crisis. Ahora con voz harto introducida entre los literatos lo llamamos Crítica. Incluye, pues, la crítica el exámen y averiguacion de la verdad junto con el juicio que resulta de este exámen. Quando las cosas constan por los primeros principios, por las demostraciones y sylogismos bien ordenados, precediendo las difiniciones, divisiones, signos, causas, y quanto hasta aquí llevamos propuesto, como medios de alcanzar la verdad, hecho todo con exâctitud, no estan sujetas á la crítica, porque nos constan con toda evidencia; pero quando nuestras inquisiciones paran en opinion, verosimilitud, y probabilidad, ya sea en cosas de hecho, ya de doctrina, la crítica es necesaria para asegurarnos, quanto sea posible, de la verdad; y la falta de crítica es causa de innumerables errores: de modo, que los que la vituperan, quando es como debe ser, son enemigos declarados de la Lógica sensata, y de la buena razon. Las reglas de crítica son todas las de una buena Lógica: algunos ponen en orden ciertas máxîmas, y las extienden mucho; mas yo teniendo por fundamentos de crítica lo que hasta aquí he escrito, no propondré mas que unas pocas reglas generales, que, teniéndose á la mano quando se ofrezcan, sean suficientes para poder juzgar con acierto de lo que se trata; y será preciso en la explicacion de ellas, ademas de la Lógica, valernos de algunos principios de otras Ciencias, pues que así lo pide el asunto, y el necesario encadenamiento de las verdades que busca el entendimiento humano. Fuera de que la Lógica solo prescribe reglas comunes, las quales no pueden aplicarse bien sin la noticia, é inteligencia de las Artes y Ciencias á que se arriman, pues la verdad que se intenta averiguar pertenece en particular á cada una de ellas. Con esto nadie se ha de tener por crítico con sola la Lógica, ni tampoco será buen crítico en ninguna Ciencia, ó profesion sin ella.
[Nota a: En la prefacion á su Obra: De la fuerza del entendimiento.]
[53] Regla primera: Si una cosa envuelve dos contradictorias, no ha de creerse. Proposiciones contradictorias son aquellas que afirman y niegan á un tiempo mismo una cosa de otra, como Pedro es blanco, y Pedro no es blanco; y es claro que qualquiera nocion que envuelva proposiciones semejantes es falsa, porque no es posible ser las dos contradictorias verdaderas, segun aquel principio de luz natural: Es imposible que una cosa sea, y no sea. Aunque estas contradictorias no se hallen en la substancia de la cosa, sino en algunas de sus principales circunstancias, la hacen increible, porque el entendimiento no puede creer un hecho que va acompañado necesariamente de circunstancias imposibles.
[54] Regla segunda: Si una cosa contingente se propone solo como posible, no ha de creerse. Porque en las cosas que pueden exîstir, y dexar de exîstir, la posibilidad sola no muestra la existencia: así, que Ticio pueda ser Sacerdote, no es prueba de que lo sea. En las Escuelas está recibido, que de la potencia de una cosa á su actual existencia no se arguye bien.
[55] Regla tercera: Qualquiera cosa no solo ha de ser posible, y ha de proponerse como exîstente, sino que su existencia con las circunstancias con que se presenta, ha de ser verosimil. Quando el hombre ve la verdad con evidencia, ó con certidumbre, no necesita de reglas para asentir á ella; pero quando no puede lograr la certidumbre, ni la evidencia, desea á lo menos la verosimilitud. Para entender esto mejor se ha de saber, que siempre que el hombre ha de asentir á una cosa, ve antes si es conforme ó no con los primeros principios, con la experiencia, ó con aquellas verdades que tiene recogidas, y depositadas para que le sirvan de fundamentos. Si aquello que se propone es claramente conforme con estos principios, es evidentemente verdadero; si la conformidad de la cosa con los principios no es clara, entonces considera si se acerca, ó no á ellos, y tiene por mas verosimil aquello, que nota tener mayor conformidad con tales principios. Sea exemplo: Dice EUCLIDES, que todas las lineas que en un círculo van desde la circunferencia al centro son iguales, y que en todo triángulo los tres ángulos equivalen á dos rectos: el entendimiento halla tanta conformidad entre estas cosas, y los primeros principios, que con un poco de atencion facilmente asiente á ellas. Dice COPERNICO, y antes de él algunos antiguos, que la tierra da cada dia una vuelta entera sobre su exe, y que en un año la da al rededor del Sol, que supone estar en el centro del mundo; y considerando el entendimiento, que no se conforma este hecho que refiere Copérnico con las verdades que alcanzamos con los sentidos, le mira con desconfianza.
[56] Regla quarta: Para creer los hechos contingentes y expuestos á los sentidos, no basta que sean verosímiles: es menester tambien que alguno asegure su existencia. Si los hechos son contingentes pueden exîstir, y dexar de exîstir, esto es, considera el entendimiento, que la existencia de ellos se puede conformar con los principios de la razon humana, y tambien la no exîstencia: por consiguiente, atendida la naturaleza de los hechos contingentes, tan verosimil es que exîstan, como que dexen de exîstir. Para que el entendimiento, pues, pueda asentir á su exîstencia, es menester que haya quien la asegure con la experiencia. Por exemplo: Es cosa contingente que se dé, ó no una batalla, y el entendimiento ninguna oposicion halla con los principios de la razon quando considera que la ha habido, y quando considera que no la ha habido; pero si despues hay algunos que atestiguan haberse dado la batalla, entonces asiente á eso, porque demas de la verosimilitud intrínseca que en sí lleva el hecho, se añade el testimonio experimental que inclina al asenso. Piensa tambien el entendimiento, y mira como verosimil la exîstencia de una Puente de un solo arco, y de trescientos pies de longitud: mírala como verosimil, porque la fábrica de semejante Puente no se opone á las reglas ciertas de la arquitectura; pero no obstante para creer su exîstencia es necesario que alguno atestigüe haberla visto, como en la realidad la han visto muchos en la China.