[Nota b: Meo autem judicio ita est maxima in sensibus veritas si & sani sint, & valentes, & omnia removentur quae obstant, & impediunt, &c. Cicero Quaest. Acad. lib. 2. cap. 21.]
[8] Todo esto es menester que adviertan los que hacen experimentos, y profesan las ciencias naturales, si no quieren ser engañados en aquello mismo que observan. Ultimamente se ha de advertir, que la equivocacion en las voces ha de quitarse quando se explican las cosas que percibimos por los sentidos, porque ordinariamente con una misma voz significamos á la percepcion del objeto, y al juicio que la acompaña, siendo cierta la primera, y muchas veces errado el segundo. Por exemplo: ve Ticio desde lejos un perro, pero no divisa sino un bulto que tiene la forma exterior de un lobo, y si es tímido luego dice: Allá veo un lobo. Con estas palabras confunde la sensacion con el juicio: la sensacion es cierta, y el juicio es falso; porque es cierto que se le presenta un objeto que tiene quatro pies, y demas partes que forman la figura del lobo. Si Ticio dixera: Yo veo una cosa que tiene quatro pies, y que se parece á un lobo, mas no puedo afirmarlo, diría lo que realmente percibe; pero como sin otro exámen que aquella primera percepcion luego afirma, que lo que ve es lobo, por eso yerra, y si la pasion del miedo se junta, yerra con mayor tenacidad. Si la voz veo significara solamente la representacion que Ticio tiene del objeto, no hubiera error; pero con ella ordinariamente se junta la afirmacion de que aquello que percibe es un tal objeto, en lo qual está el engaño, y este en la explicacion nace de la equivocacion de las voces. El motivo de esta equivocacion, que es comunísima, procede de que los hombres han puesto á las voces un nombre para significar cosas distintas: si estas suelen ir juntas, con dificultad percibe el entendimiento la separacion; y como el juicio que acompaña á semejantes percepciones esté siempre junto con ellas, y desde la niñez nos hagamos á juntarlo, por eso los significamos con una voz, aunque sean en realidad cosas distintas. Tambien se ha de advertir, que los hombres no han inventado voces bastantes para significar todas las percepciones que tenemos por los sentidos, de lo que nacen muchas equivocaciones y errores. El que padece melancolía tiene dentro de sí muchas percepciones que no hay nombres para explicarlas, y á veces por esto no puede hacer creer á los demas lo que padece. Porque para que con una voz comprehendan los hombres una misma cosa, es menester que tengan todos una misma nocion de ella, ó corresponda en todos un mismo significado, pues de otra manera quando el uno nombrará una cosa con una voz, el otro entenderá diferente. Los melancólicos, é hipocondríacos sienten algunos males que los afligen, y para explicarlos se aprovechan de las voces opresion, desmayo, y otras semejantes, que hacen formar á los oyentes distinto conocimiento del que los enfermos pretenden manifestar. En efecto á un hombre que jamas hubiera tenido dolor, sería muy dificultoso hacerle comprehender que otro lo padecia, aunque se lo explicase con aquella voz, porque le faltaba la nocion del significado: al modo que sería imposible hacer entender á un ciego lo que es verde, azul, ó amarillo, porque oiría estas voces, mas no las entenderia por no tener noticia de sus objetos. De esto nacen no solo muchos errores, que pertenecen á los sentidos, sino infinitas disputas, que mueven gran ruido, y son fáciles de entender si se explican con claridad las voces. De todo lo dicho concluyo, que los sentidos de suyo son fieles, porque siempre representan las cosas segun las impresiones que estas hacen en el cuerpo: que sus impresiones son respectivas; esto es, solo muestran la proporcion, ó improporcion que los objetos tienen con nosotros; y que los errores que cometemos por medio de ellos consisten en el juicio que solemos juntar á la percepcion de las cosas.
CAPITULO II.
Continúase la explicacion de los errores de los sentidos.
[9] Aquel juicio que solemos juntar con las sensaciones sin advertirlo, nos hace caer en muchísimos errores. Los quales distribuiré para mayor claridad en tres clases; es á saber, en los que pertenecen á lo moral, á lo físico, y al trato civil, y me valdré de algunos exemplos por hacer mas comprehensible tan importante asunto. Los errores pertenecientes á lo moral son los que principalmente han de evitarse, porque de lo contrario pueden seguirse graves daños; los he manifestado en la Filosofía Moral, por lo que propondré solo los mas principales, como que de ellos nacen otros muchos, cuyo descubrimiento pertenece á la Lógica. Atendiendo, pues, al uso que los hombres comunmente hacen de los sentidos y de la razon, puede decirse con verdad, que son mas sensibles que racionales; esto es, se gobiernan mas de ordinario por las apariencias de los sentidos, que por el fundamento de la razon. Esto nace de que aquellas cosas que se perciben por los sentidos hacen mucha impresion, y suelen los hombres inclinarse á ellas; de modo, que no piensan sino en las cosas sensibles. De esto procede, que tienen por bienes verdaderos á los que no son sino aparentes y tal vez falsos; y siendo objetos de los sentidos, los buscan y aman. Si los hombres reflectaran un poco sobre lo que les sucede en la eleccion de estos falsos bienes, no cayeran tan facilmente en los engaños que los precipitan.
[10] Para entender esto con mayor facilidad se ha de presuponer, que todos los hombres tienen natural, é innata inclinacion, ó apetito de su felicidad, y de su bien. La voluntad llevada de este apetito solo ama á lo bueno; es decir, solo ama las cosas que mira como buenas, y como que pueden contribuir á su felicidad. Pero como es potencia ciega y libre, no se determina á amar las cosas particulares, si no la ilustre antes el entendimiento. Es preciso, pues, que el entendimiento presente una cosa como buena, para que la ame y apetezca la voluntad. Nuestros errores nacen de que el entendimiento, no bien informado de las cosas, las mira como buenas, siendo realmente malas. Muchas veces tiene el entendimiento por buenas á las cosas malas por ignorancia y falta de advertencia, por cuyo motivo será bien trabajar en apartar la ignorancia que fomenta muchos errores; pero las mas veces el entendimiento tiene por buenas á las cosas malas, por gobernarse por las apariencias de los sentidos. Para entender esto se ha de presuponer tambien, que la verdadera felicidad y el verdadero bien del hombre es Dios; y teniendo apetito de su bien y de su felicidad, tiene tambien apetito de poseer á Dios. Quando Adan estaba en el Paraíso antes del pecado, tenia conocimiento claro de esta felicidad, y de este bien; de suerte, que con él descansaba, y tenia toda suerte de contento y alegria. Entonces todos los apetitos obedecían á la razon, y esta al soberano orden que habia establecido el Criador entre las criaturas racionales.
[11] Despues del pecado empezaron á dominar la ignorancia, la malicia, y la concupiscencia. De suerte, que aunque el hombre lavado con el agua del sacrosanto Bautismo reciba la gracia, y se le borre la mancha del pecado original, queda no obstante la pena de aquel pecado, y está poseído de la concupiscencia. Por esta se allega el hombre á los objetos mundanos y sensibles, y se aparta de Dios, porque el conocimiento de su verdadera felicidad por el pecado le tiene obscurecido, y el de las cosas sensibles muy vivo, y vehemente; de aquí es, que va tras de estas, y se aleja de aquella. Con la nocion que tiene el hombre de su felicidad, suele tambien juntar la de la excelencia, de la grandeza, y demas cosas que pueden causarle contento. Si estas prerrogativas las buscara el hombre en Dios; esto es, pensase solo conseguirlas gozando de Dios, pensaba bien, porque no puede tener verdadera grandeza, excelencia, y contento de otra manera; pero al contrario, dexando á Dios, busca la grandeza, y contento en las cosas sensibles y mundanas. Reparen y mediten los hombres, que por mucha grandeza, excelencia, y contento que logren en esta vida, nunca quedará saciado el apetito de su felicidad; y la experiencia nos lo hace ver cada dia en los ricos, y poderosos, que nunca estan contentos, ni satisfechos, porque aquella felicidad, sosiego y contento, que pueden llenar el natural apetito del hombre, solo puede hallarlos en Dios, que es su verdadero bien, y su verdadera felicidad. Lo que sucede en esto es, que la voluntad apetece este bien verdadero, y esta felicidad, inclinándose naturalmente ácia el bien; pero engañado el entendimiento, y llevado de la concupiscencia, le ofrece otros bienes solo aparentes, y á veces falsos, que tal vez la apartan de aquel mismo bien verdadero.
[12] Para mas clara inteligencia de estas cosas conviene saber, que los objetos que se presentan á los sentidos, solo causan en el alma aquellas impresiones, que son necesarias para la conservacion del cuerpo; de modo, que el dolor advierte al alma el daño que el cuerpo padece, y el placer muestra su buena constitucion. Por esto solemos tener por males los dolores y por bienes los gustos y deleytes. Aquí se ha de advertir, que por dolor se entiende qualquiera molestia, que indica al alma no hallarse sano el cuerpo, con lo que no solo se comprehende aquel sentimiento que propiamente llamamos dolor, sino tambien la congoja, opresion, desmayo, y otras semejantes molestias, que muestran y significan algun desorden en la fábrica del cuerpo humano. Tambien se ha de saber, que aquella sensacion, que llamamos gusto y deleyte sensibles, se sigue solo en el alma quando las impresiones de las cosas se hacen de un modo cierto y determinado; así vemos que los manjares ocasionan gusto en el sano, y desabrimiento en el enfermo, porque las impresiones se hacen de un modo en la salud, y de otro en la enfermedad. Siendo esto así, ¿cómo ha de tener el hombre por bien verdadero á una cosa que las mas veces le causa daño? ¿Que en lugar de ocasionar el gusto, causa desabrimiento? ¿Que lejos de conservarle, muchas veces le destruye? ¿Que en lugar de producir un contento durable y sólido, solo ocasiona un gusto transitorio y aparente? ¿Que en vez de apartar los males que pueden hacerle infelíz, los atrae, los lleva, y casi siempre los acompaña?
[13] Considérense los luxuriosos, y se hallarán llenos de perturbacion, su ánimo inquieto, la salud perdida, la hacienda gastada, siempre rodeados de penas, sobresaltos, y temores por solo un deleyte pasagero y engañoso. Póngase la consideracion en los que tanto celebran los banquetes, las bebidas y los regalos, y se verán perder la salud del cuerpo con lo mismo que la pretenden conservar. Véanse en fin todos aquellos que van de gusto en gusto, de placer en placer, y nada mas buscan que embelesar sus sentidos, y hallarán como nunca queda satisfecho su deseo, porque apenas logran una diversion, quando los fastidia y van á buscar otra, y así pasan su vida sin hallar complemento á sus apetitos. Todos estos son muy sensibles y poco racionales, pues si consultaran la razon, hallarian que los sentidos no les ofrecen verdaderos bienes, antes por el contrario los acarrean muchos males.
[14] Entenderáse esto mejor, considerando que la felicidad de los hombres puede considerarse en dos maneras. En el primer modo es el mismo Dios, y por eso no puede lograrse en esta miserable carrera del mundo. La otra felicidad es la que pueden los hombres conseguir en esta vida, y puede llamarse imperfecta y secundaria. Los Filósofos antiguos excitaron muchas dudas sobre el constitutivo de la felicidad del hombre en este mundo, y omitiéndolas ahora por no conducir á nuestro asunto, ha de sentarse como cosa cierta, que ni aun en este mundo puede ser felíz el que se aparta de Dios, y por eso tengo por cierta la doctrina de los Estoicos Christianos, que ponen la felicidad de los hombres en el exercicio de las virtudes christianas. De este modo se comprehende, que será felíz en algun modo en este mundo el que hiciere las cosas conformes al orden que Dios ha establecido, y con mira á sus santas leyes, y con la observancia de los divinos preceptos. Así podrá qualquiera usar de las cosas sensibles, con tal que el uso de ellas sea conformándose con las leyes divinas, y humanas; no porque aquellas cosas sean el bien á que únicamente deben aspirar los hombres, sino porque conducen á mantener la vida, la fama, y otros bienes, que logra el hombre en esta mortal carrera ácia la eternidad. Por eso los objetos sensibles solo son bienes relativos á la felicidad humana, porque pueden hacer al hombre felíz en este mundo, con tal que use de ellos segun la razon, y segun el fin á que se dirigen.