[15] Pero son muy pocos los que consideran estas cosas, y son muchos los que llevados de la concupiscencia, y engañados por la ignorancia, juntan á las cosas sensibles la nocion de su felicidad, y con el apetito que tienen de esta, se dirigen ácia aquellas. Los pobres apetecen las riquezas y demas aparatos magníficos que ven en los ricos, y es porque se engañan juntando la nocion de las riquezas con la de su felicidad. Todos apetecen naturalmente la vida y la salud; y pareciéndole al que está enfermizo que el sano es felíz, apetece la felicidad de este, y alguna vez se engaña, porque aun con la salud está lleno de otras miserias, que tal vez son de mayor peso que la enfermedad. Todos apetecen el contento, y aborrecen el dolor, y la molestia: de aquí se sigue, que el pobre quando ve á los ricos y poderosos andar en coche, comer regaladamente y no trabajar, le parece que en aquello consiste toda la felicidad, y la apetece con gran ansia, y la suspira; pero si supiera debaxo de tanta pompa, y de tanto número de criados y grandeza, qué ánimo se esconde tan inquieto y lleno de molestias, le tendria, no por felíz, sino por el mas miserable del mundo[a]. S. JUAN CHRISÓSTOMO hace una hermosa comparacion, contrapesando las felicidades de los pobres con las de los ricos; y tengo por cierto, que si aquellos que tienen lo preciso para sostener la vida y cubrirse de las injurias del tiempo, saben hacer uso de la razon, no solo no embidiarán á los ricos y poderosos, sino que les tendrán lástima. Por eso llama VIRGILIO[c] felices á los Labradores, si estos saben conocer los bienes que poseen. Y yo llamo afortunados á aquellos que viven en la soledad apartados de estos engañosos aparatos de los sentidos[d]; y mucho mas felices á los que viviendo en la soledad, ponen su dicha en el exercicio de la virtud y contemplacion de las cosas divinas. Los que así viven gustosos, es cierto que logran un contento y satisfaccion de ánimo infinitamente mas estimable que los tesoros de Midas, y los triunfos de Cesar.
[Nota a: Fortuna magna, magna domino est servitus. Publ. Mim. sent. 229.]
[Nota b: S. Chrysostom. homil. 55. sup. Matth. tom. 7.]
[Nota c: O fortunatos nimium, sua si bona norint,
Agricolas, quibus ipsa, procul discordibus armis,
Fundit humo facilem victum justissima tellus.
Virgil. Georgic. lib. 2. vers. 477.]
[Nota d: Beatus ille, qui procul negotiis,
Ut prisca gens mortalium,
Paterna rura bobus exercet suis, Solutus omni foenore.
Horat. Epod. lib. ode 2.]
[16] Síguese de todo lo dicho, que los sentidos solo ofrecen falsos bienes, ó aparentes, y por consiguiente que es necedad ir los hombres dotados de razon buscando continuamente los engañosos atractivos de la concupiscencia. Síguese tambien, que solo ha de fiarse el hombre de lo que le ofrecen los sentidos para la conservacion de su cuerpo, y el uso de los objetos sensibles ha de ser conforme á la razon y á las leyes divinas y humanas. Por esto será convenientísimo no juzgar prontamente de lo que los sentidos presentan, porque en esto se expondrán los hombres á infinitos engaños. Será bien suspender el juicio, ó dudar en semejantes representaciones, para exâminar con la razon fortalecida de una buena moral el uso, que nos conviene hacer de los bienes que nos ofrecen.
[17] En las cosas físicas es grande el imperio de los sentidos, y en la misma proporcion lo es tambien el número de errores que ocasionan. Cree el comun de los hombres, que las qualidades sensibles, como el frio, calor, humedad, sequedad, color, y otras semejantes, estan solo en los objetos, y se engañan porque parte estan en ellos, y parte en el sentido. Este error viene á los hombres desde la niñez, y por eso es tan difícil de desarraigar. Quando somos niños y nos acercamos á la lumbre, sentimos calor. En aquella edad no suspendemos jamas el juicio, antes por el contrario, juzgamos de las cosas como nos parecen y no como son, porque entonces somos sensibles, y no racionales; esto es, solo exercitamos la potencia de sentir, y no la de razonar. Así que no distinguimos el calor radical; esto es, la raiz del calor que se halla en el objeto sensible de la percepcion, del que está en nosotros, y ambas cosas son necesarias para el calor. Lo mismo ha de entenderse de las demas qualidades propuestas.
[18] Otro error ocasionan los sentidos muy general en las cosas pertenecientes á la Física. Suelen los nombres colocar baxo una misma especie las cosas que tienen entre sí semejanza, ó sea en el color, ó en el gusto, y por esto se gobiernan para atribuirlas unas mismas qualidades. De esta forma han errado los Botánicos, que atribuyen unas mismas virtudes á las plantas que se parecen, ó á las que tienen semejanza en el sabor y otras afecciones sensibles, sin contar con la relacion precisa que han de tener con el cuerpo humano, y la idiosincrasia, que acompaña á cada una de ellas. Tambien se engañan los Médicos en la semejanza de los símptomas, ó accidentes que acompañan á las enfermedades. Quéjase una muger de un dolor que la aflige con gran molestia en la boca del estómago, y al mismo tiempo vomita cóleras verdes. Llega el Médico, que solo se gobierna por la semejanza exterior de las cosas, y luego juzga que es dolor cólico, y aplicándole los remedios específicos de esta enfermedad, no solo no la cura, sino que la empeora. Si hace uso de la razon, y no se fía de las primeras apariencias de los sentidos, juzgará que el dolor y el vómito nacen de afecto histérico, y con pocos remedios facilmente le dará la salud. Son infinitos los males internos, que por defuera se presentan á nuestros sentidos con señales semejantes, y es menester un juicio atinado para distinguirlos, notando atentamente los efectos y signos necesarios, que inseparablemente van con cada una de las dolencias; pero no hay que esperar que los conozcan los Médicos vulgares, que solo se gobiernan por los sentidos, y no consultan la razon.