[102] El entendimiento ayudado de las reglas de la Lógica, ha de exâminar las cosas, y si las halla conformes á las primeras verdades, ó los fundamentos principales de la razon humana, que tantas veces hemos propuesto, entonces se resuelve, y pasa de la duda á la creencia. Pero si en semejantes averiguaciones descubre poca conformidad de las cosas con la razon, y los principios de ella, ó disiente, ó suspende de nuevo el juicio, hasta que averiguándolo mejor, se le presente claramente la verdad. Por esta razon han de exâminarse con cuidado las opiniones que recibimos en la niñez, y muchas otras que se enseñan en las Escuelas, y las que se adquieren en la conversacion y trato, y no han de creerse ciegamente, sino solo despues de bien exâminadas. Débese aquí advertir, que en las ciencias prácticas basta á veces la verosimilitud, porque en muchísimas cosas si hubiera el entendimiento de hacer exámenes para alcanzar la evidencia, se pasaría la ocasion de obrar, y esta no suele volver siempre que queremos. De este modo gobernamos la práctica de la Medicina en muchos casos, y lo mismo acontece algunas veces en lo moral. Mas aun en tales lances conviene siempre seguir lo que se acerca mas á las primeras verdades, porque esto es lo mas conforme á la buena razon. Por esto creo yo, que si en las Escuelas se llega á enseñar la buena Lógica, con esto solo se acabarán las ruidosas contiendas sobre el probabilismo, porque conocerán todos, que lo menos racional no debe seguirse á vista de lo mas razonable.
[103] Para no precipitar el juicio se han de tener presentes las mismas reglas que hemos propuesto para evitar las preocupaciones. Pero en especial conduce poner la atencion necesaria en las cosas antes de juzgar, y exâminarlas de suerte que no se determine el juicio sino despues del exámen necesario. Las cosas suelen combinarse de muchas maneras; y si el entendimiento no atiende á todas las circunstancias, facilmente caerá en el error, porque solo juzgará por la vista de una, y debiera hacerlo despues de atender á todas. El exámen es tambien necesario, porque de otra forma lo que es incógnito se tendrá por sabido, lo falso se tendrá como cierto, y lo dudoso como ciertamente verdadero[a]. Esto se hace mas comprehensible con exemplos, y lo ilustrarémos mas en los capítulos siguientes.
[Nota a: Ne incognita pro cognitis habeamus, hisque temerè assentiamus. Quod vitium effugere qui volet (omnes autem velle debebunt) adhibebit ad consderandas res, & tempus, & diligentiam. Cicer. de Offic. lib. I. cap. 29.]
CAPITULO VIII.
De los Sofismas.
[104] Antiguamente llamaron Sofistas á los Sabios: y viendo SÓCRATES que en su tiempo habia muchos que no tenian mas que una sabiduría aparente, y que procuraban engañar á los ignorantes con argumentillos caprichosos y con sofisterías, empezó á dar á los falsos sabios el nombre de Sofistas. Lo mismo hicieron PLATON, y ARISTÓTELES, y ambos los rechazaron con eficacia, porque Platon describió los engaños de los Sofistas, y Aristóteles manifestó admirablemente todos los caminos de que se aprovechaban para formar sus sofismas; de suerte, que este Filósofo trató con perfeccion este asunto. Oxalá le leyesen los que se precian de Sectarios suyos.
[105] Los Romanos á imitacion de los Griegos llamaron Sofistas á los que se aprovechaban de argucias, ó vanos argumentos. Es, pues, el sofisma un raciocinio que nada concluye, y tiene apariencia superficial de concluir. Hay algunos sofismas tan claros y tan fáciles de conocer, que el mas rudo los desecha por engañosos. La sola Lógica natural basta para conocerlos, y qualquiera en oyéndolos, comprehende que el tal razonamiento no concluye, aunque no sepa la razon. Por eso los omitiré, proponiendo solamente aquellas fuentes generales de donde nacen muchos sofismas que cada dia observamos, así en las disputas, como en los libros, amonestando á los jóvenes que vean en Aristóteles sus trece fuentes de los argumentos sofisticos, que ciertamente les servirá mucho para la cumplida inteligencia de este asunto. En primer lugar puede colocarse aquel sofisma con que se prueba otra cosa de lo que se disputa. Llamóle Aristóteles ignoratio Elenchi. Elencho es el sylogismo con que se intenta probar lo contrario de lo que se ha establecido, como hacen en las Escuelas los que impugnan las conclusiones que otro defiende. Si el elencho se forma con manifiesto engaño, ya consista este en las voces, ya en las cosas, es elencho sofistico; y todos los sofismas los reduce Aristóteles á este, porque todos consisten en la mala formacion del sylogismo; pues en todos sucede que haya apariencia de raciocinio, no habiéndolo en la realidad. Por eso el que entienda bien las reglas que hemos propuesto, tratando de la formacion de los sylogismos, sabrá los fundamentos con que ha de desenredar todos los sofismas, mayormente si descendiendo á lo particular advierte las varias maneras capciosas, y engañadoras que hay de sylogizar, ya por el mal uso de las palabras, ya por la mala inteligencia, y aplicacion de las cosas. No solo en las Escuelas domina mucho el uso de los sofismas en los actos literarios, por el dolo, mala fe, y poco amor á la verdad, sino tambien en las conversaciones y discursos Académicos, quando los dicta el interés y la pasion de algun sistema. Tambien se usa este sofisma en el trato comun.
[106] Unas veces disputa Ticio con mucho calor, y hace mil exâgeraciones para probar lo que no se le niega, y es que por tener acalorada la fantasía, no atiende lo que su contrario dice. Otras veces con malicia, y de intento dexa de probar lo que le toca, ya porque no se halla con bastantes razones, ó porque se ha introducido en una qüestion, que no sabe, y no quiere confesar su ignorancia. Aquí es de advertir, que hay algunos que con mala fe atribuyen en las disputas á su contrario ciertas cosas, que este ni las ha imaginado; y otras veces le atribuyen ciertas proposiciones, que piensan deducirse de la doctrina que el contrario enseña, aunque en la realidad este las niega, y no ha tenido él ánimo jamas de admitirlas; y esto lo hacen para triunfar del enemigo entre la gente ruda, que no alcanza estos artificios. En los impugnadores de los libros es comunísimo este modo de sofisticar, y cada dia vemos atribuirse á un Autor lo que no ha dicho, y otras mil cosas, que no son de la disputa. Así lo hizo JUAN CLERICO en muchas impugnaciones que hace de los Santos Padres, y señaladamente en la Disertacion de argumento theologico ab invidia ducto, puesta al fin de su Lógica en el tomo primero de sus obras filosóficas de la edicion de Amsterdam de 1722.
[107] Su intento es mostrar las falacias, y sofismas que usan los hombres para volver odioso á su contrario, para que siendo mirado con odio, nadie reciba su doctrina. Pone diez y seis lugares, ó modos con que puede uno hacer odioso á otro, y en cada uno de ellos toma por objeto á S. GERÓNIMO, queriendo mostrar que lo que este Santo Doctor escribió contra los hereges, especialmente contra Vigilancio, no tenia solidez ninguna, sino solo artificios, depravada fe, y malas artes para volver odioso á Vigilancio. Estoy admirado, que siendo tan públicos hoy estos libros, nuestros Teólogos embebecidos con las disputas con que se impugnan unos á otros, siendo todos Católicos, dexen sin respuesta á este y otros Escritores audaces, que sin respeto ninguno á los varones mas santos y mas doctos tiran á volverlos despreciables y desautorizados, mayormente extendiendo CLERICO esta calumnia en el principio de su Disertacion á todos los Teólogos. Es verdad, que AMORT[a] en su Filosofía Polingana resiste á Clerico, pero es de paso, y convenia que se hiciese en mas forma. Lo cierto es, que los diez y seis lugares con que quiere Clerico infamar á S. GERÓNIMO, pretendiendo que este se valió de ellos para volver odioso á VIGILANCIO, con grande arte los pone en obra para hacer odioso á este Santo Doctor. Sabemos muy bien que S. Gerónimo era activo y ardiente quando impugnaba á los hereges; pero el zelo, no el dolo, era el que encendia su fuego, como lo ha mostrado muy bien DUPIN en su obra de Veritate.
[Nota a: Amort Philosoph. Pelling. pág. 577. edic. de Auxgbourg. año 1730.]