[15] La antigüedad, la perpetuidad, la sucesion de tiempos no interrumpida, la condicion de los poseedores de esta tradicion, que fueron los Patriarcas y Profetas, varones santos, ilustrados, veracísimos, sumamente conformes entre sí, sin haberse opuesto los unos á los otros en la diversidad de tiempos, costumbres y países, los milagros confirmatorios de ella, y el exâcto cumplimiento de las promesas, son pruebas relevantes de su verdad divina, puesto que el conjunto de todas estas prerrogativas no cabe en la potencia humana. Júntense todas las Historias seculares, que comunmente llamamos profanas: véanse sus tradiciones las mas acreditadas y tales, que todos les dén fe sin disputa: cotéjense sus circunstancias con las del Pueblo Hebreo, y se hallará que apenas llegan aquellas á tener una parte de las pruebas que califican á estas. La doctrina de los Libros Sagrados, así en asuntos Históricos, como en Morales, es la mas pura y perfecta. Todos saben que los mas exâctos Historiadores Gentiles han escrito innumerables patrañas, de modo que PLINIO, haciéndose cargo de esto dice, que DIODORO dexó entre los Griegos de escribir cosas frívolas[a]. Pero quántos defectos halló nuestro VIVES en Diodoro? El Abad CALMET, en la Disertacion que puso al principio de su Historia del Viejo Testamento, probó concluyentemente, que todas las Historias profanas están llenas de faltas y contradicciones, de manera que lo mas fixo de ellas es lo que han tomado de la Escritura Sagrada. En lo Moral, quien haya leido á LAERCIO, SEXTO, EMPÍRICO, PLUTARCO, CICERON, SENECA, donde se hallan los sentimientos de los Filósofos antiguos, verá, no Moral arreglada en ellos, sino monstruosidades y errores enormísimos. Digna es de leerse sobre esto la obra del P. BALTO, y la que escribió últimamente el P. CEILIER contra BARBEYRAC, en las quales podrán todos ver que los Santos Padres, como fieles seguidores de las Divinas Escrituras, son los Maestros de la Moral mas pura, y que los Sectarios modernos en sus escritos no hacen otra cosa que copiar á los Gentiles.

[Nota a: Apud Graecos desiit nugari Diodorus. Plin. Hist. Nat. l. 1. praef. p. 5.]

[Nota b: Vives de Caus. corruptar. art. lib. 2. pag. 370.]

[16] Es tambien conseqüente á la pureza de la doctrina, y prueba de su Divino origen el culto, adoracion y respeto á Dios, que se prescribe en las Sagradas Letras. No se puede ver mayor humiliacion del ánimo delante del Señor: qué súplicas y oraciones tan fervorosas, qué lágrimas, qué esperanzas y sumisiones, qué reconocimiento del supremo dominio de Dios sobre las criaturas no se descubren en el culto y adoraciones del templo. Si bien se mira, no pueden los hombres con mas pureza manifestar su pequeñéz, su miseria, su esperanza, sus votos, sus ánimos, enderezándolo todo á reconocer la grandeza, magestad, clemencia y misericordia del Todo-Poderoso. El culto Gentílico á los Dioses era inmundo, vano, sacrílego, y mezclado de mil impurezas, como consta de las historias de ellos. Se sacrificaban los hombres: se llenaban los Altares de sangre: no acompañaba la humildad á las súplicas, ni iban conformes el corazon y la lengua.

[17] No hay Nacion, por bárbara que sea, que no tenga Religion, porque están plantadas en el corazon de todos los hombres las semillas de ella. El Padre ACOSTA, en su Historia Natural de las Indias, pinta los antiguos Moradores de la Nueva España, como gente sin Religion alguna[a]; mas creo que se engaña, y que es fundada la impugnacion que en esto le hace CUMBERLAND, á quien siguen otros Ingleses. Ni hay que fiarse de las relaciones de los Viageros, pues no siempre averiguan las cosas de espacio, ni las dicen como ellas son, sino segun las entendieron, como lo han notado con sagaz advertencia los que no se dexan sorprender de las novedades[c]. Júntense todas las maneras gentílicas y bárbaras de adorar la Divinidad, y cotéjense con la dignidad y pureza del culto que prescriben las Sagradas Letras, y se verá que aquellas vienen de los hombres, estas de Dios. No es de poca consideracion el empeño con que las Santas Escrituras condenan la idolatría, y enseñan á reconocer y adorar un solo Dios, para entender que así como el culto de muchos Dioses nació de la ignorancia y malicia de los hombres, el conocimiento y adoracion de un solo Dios verdadero, Hacedor de todas las cosas, viene del Cielo.

[Nota a: Acost. Hist. de las Ind. lib. 7. cap. 2. pag. 453.]

[Nota b: Cumberl. Ley Natur. Discurs. prelimin. §. 2. pag. 3. y 4.]

[Nota c: Vease Valsecchi lib I. cap. 9. §. 2. y sig. pag. 122.]

[18] Todas estas consideraciones hacen, no una demostracion, sino un cúmulo de demostraciones, claras, evidentes, y certísimas, de la Divina inspiracion de los Libros Sagrados. En efecto, PEDRO BAYLE, sin embargo de su Pyrrhonismo, no se atrevió á negar que las Santas Escrituras llevan consigo los caractéres de la Divinidad[a]. A todo esto debe añadirse la creencia y autoridad de la Iglesia, que es indefectible. La Iglesia Christiana empezó con el mundo. En el Viejo Testamento estuvo en figura. Cumplióse todo en Jesu-Christo, á quien se enderezaban las promesas de Dios, los votos de los Patriarcas, las predicciones de los Profetas, y la creencia del Pueblo encubierta en las ceremonias legales. Esta Iglesia, continuada desde el principio del mundo hasta nuestros dias, sin interrupcion, con una misma creencia, reconociendo un mismo Reparador del género humano, un mismo Mesías libertador de su Pueblo, mirándolo en la Ley antigua como prometido y venidero: adorándolo en la Ley nueva como el Autor de la salud y Redentor, en quien se han cumplido todas las promesas y vaticinios, es un cuerpo sin igual en todo el Orbe; cuyo nacimiento, continuacion, perpetuidad, duracion, verdad, y permanencia, propuestas y explicadas en las Escrituras del Viejo Testamento, y confirmadas en el Nuevo con tan relevantes pruebas de conexîon, enlace, orden y credibilidad, que no hacen mas certeza las de la Geometría, arguyen evidentemente un origen divino, una sabiduría infinita, y una mano sumamente poderosa que la sostiene. ¿Qué Nacion hay, ó Provincia, ó Reyno, que por grandes que hayan sido sus aumentos, no haya venido á la decadencia? ¿Qué Gobierno, República, ó Monarquía podrá señalar y probar origen tan antiguo con unas mismas leyes, creencia, y costumbres en lo substancial? Un poco de letura de Historia hará ver á qualquiera la inconstancia de los Reynos, la caida de los Imperios mas poderosos, la mutabilidad de las Monarquías mas florecientes, porque así lo trae consigo la condicion humana. Quando á vista de estas mutaciones observamos, que la Iglesia Christiana permanece desde el principio del mundo, siempre la misma en sus fundamentales leyes, doctrina, y ordenamientos propuestos en los Libros Sagrados, sin variedad en la creencia, y sin que la hayan alterado la succesion de tantos siglos, tantas persecuciones como en todos tiempos ha experimentado; quando al mismo tiempo vemos, que quanto han establecido los Filósofos por el uso de la razon, está lleno de dificultades, contiendas, contradicciones, mudanzas, instabilidad, y errores, ¿quién habrá que no conozca que la Religion publicada en las Sagradas Escrituras no puede venir de los hombres establecedores de cosas caducas, sino de un Dios eterno, é inmutable? La Iglesia, pues, que nos asegura la Divinidad de las Escrituras, es un testimonio irrefragable de las revelaciones de ellas. Guarda la Iglesia estos santos Libros, los conserva, los sigue, cree su doctrina con uniformidad, y es fiel depositaria de sus verdades. Si todos los hombres se convienen en un principio de razon, no pueden engañarse, porque aquello en que todos concuerdan es preciso que sea verdadero. Dios es Autor de la revelacion como de la razon; su Iglesia, este Pueblo escogido, que se conviene sin discordia en la creencia de las Divinas Letras, no puede padecer engaño, ni puede decirse de ella que en esto puede errar, sin ofender la infinita veracidad de Dios, que ni puede engañarse, ni engañarnos.

[Nota a: Bayl. Diccion. Crític. artícul. Acosta tom. I. pag. 71 y artícul. Beaulieau tom. I. pag. 522. artícul. Manichees tom. 2. pag. 2026.]