[19] Hemos probado hasta aquí la necesidad de la revelacion y su exîstencia: resta ahora satisfacer algunos reparos de los Sectarios. Dicen que MOYSES en sus leyes no señala otras penas á los transgresores que las temporales, sin hablar de la pena eterna en los Libros sagrados, que salieron de su mano, cuyo silencio arguye que no tuvo conocimiento, ni revelacion de ella. Este reparo ya es antiguo, pues le satisfizo S. AGUSTIN escribiendo contra PELAGIO. Es así que Moyses en sus leyes al Pueblo Hebreo no habló del castigo de la otra vida; pero no se arguye bien por eso, que ni él, ni su Pueblo lo creian. Este es argumento negativo, tomado del silencio de Moyses. En buena Lógica el argumento negativo para hacer prueba, entre otras cosas pide, que el sugeto que calló la cosa pudiese y tuviese necesidad de decirla. El Pueblo se gobierna mas por los sentidos que por la razon: los bienes sensibles le atrahen, y los moles sensibles le hacen temer, y le contienen. Moyses, que era Legislador, y conocia muy bien estas cosas, no hallaba necesario obligar á su Pueblo á la observancia de sus Leyes por unas penas, como las de la otra vida, que este miraba como de lejos, y que no le harian viva impresion, aunque las creyese. Aun en los que tenemos la dicha de recibir la Fe con el Bautismo, suelen hacer mas impresion las penas temporales que las eternas. Fuera de esto débese el Pueblo Hebreo mirar con dos respetos, ó como una Nacion particular gobernada por sus propias Leyes, ó como un Pueblo en quien estaba depositada la verdadera, Religion. como que era el que conocia y adoraba á un solo Dios. Quando Moyses establecia las Leyes de su gobierno temporal, no imponia otras penas que las mundanas; pero por lo que tocaba la Religion tenia este Pueblo creencia del premio y castigo eternos por la tradicion de sus mayores, y no era necesario acordarlas, al modo que sucede entre nosotros; pues las leyes patrias solo nos amenazan con penas y castigos de este mundo, aunque creemos las que Dios tiene reservadas para el otro. Este conocimiento del Pueblo Hebreo se manifestó despues mas claramente por los Profetas, y aun antes por lo que dice JOB; bien que su total luz se reservaba para Jesu-Christo, que como hijo de Dios, puso en claro el Reyno de los Cielos, entendido con algunas sombras por los antiguos Judíos, é ignorado enteramente de los Filósofos. Este punto le han satisfecho plenamente algunos Escritores Católicos, que lo tratan de propósito, entre los quales es muy señalado LUIS VIVES[a]. Un resumen de sus pruebas se puede ver en VALSECCHI, Dominicano; y en el Diccionario Antifilosófico, escrito para responder al Diccionario Filosófico de Mr. de VOLTAIRE, que tomando de otros Sectarios este argumento, ha tirado á promoverle[c]. JUAN SPENCERO, Ingles, Escritor moderno de las Leyes y Ritus de los Hebreos, trata este punto muy de propósito, y pone razones y pruebas eficaces de los motivos que tuvo Moyses para no proponer á su Pueblo otras penas que las temporales, aunque era cierta en ellos la noticia de las eternas[d]. Debiera Mr. VOLTAIRE, si impugnase con buena fe, hacerse cargo de las pruebas de un Escritor tan célebre contra sus aserciones; mas visto es, que en esto siguió su estilo de decir las cosas, de no probarlas, y de asegurarlas con los mismos extremos, que si las hubiera probado.
[Nota a: Vives de Veritat. Fidei Christ. lib. 3. pag. 414.]
[Nota b: Valsecchi de Fundament. Relig. lib. 2. cap. 10. §. 5. pag. 214.]
[Nota c: Dictionair. Antiphilos. articl. Moys. tom. 2. p. 43.]
[Nota d: Spencer. de Legib. Hebraeor. lib. 1, cap. 4. tom. 1. pag. 41.]
[20] Otro argumento contra la Divinidad de las Sagradas Escrituras hacen los Sectarios, sacado del culto divino prescrito en ellas, y practicado por la Iglesia; pues todas las ceremonias del templo las tienen por gentílicas y profanas, muy distantes de poder venir de Dios. Fuera increible el furor, que subministra las armas á estos impugnadores de la verdadera Fe, si no lo viésemos en tantos libros como esparcen, y no respiran otra cosa que odio y aversion á la Religion Christiana. Faltan aquí á una máxîma fundamental de Lógica, pues hablan decisivamente de lo que no estan bastantemente instruidos. Quieren gobernarlo todo por su Filosofía, y les falta la Teología, sin la qual no pueden dar un paso asegurado en estas materias; y ya que no quieran la Escolástica, debieran á lo menos estar versados en la Polémica. ¿Cómo han de impugnar lo que no saben? ¿Cómo han ver claramente la conexîon de lo que aseguran con los principios fundamentales del juicio, si los ignoran? Las ceremonias que usa la Iglesia, unas sacadas de los Libros Sagrados, otras instituidas por ella para mayor culto de Dios, son exâctísimas, y las mas á propósito para una casta y sincera adoracion de la Divinidad. Si se introducen abusos, se han de condenar estos, mas no el buen uso.
[21] La Iglesia solo sale fiadora de sus establecimientos santos, y arreglados á la razon y á la Religion: si estos establecimientos los practicaran los Angeles, todo sería puro; pero como son los hombres los que los exercitan, se mezcla alguna vez en ellos lo humano. La Iglesia tolera muchas cosas, que no las aprueba. Quando son opuestas á la Fe, ó las buenas costumbres, no calla, antes bien corrige, é increpa con toda paciencia y doctrina. En lo demas corrige los abusos, segun lo permiten los tiempos, la oportunidad, y la prudencia. Si por estos abusos se hubiera de hacer juicio de las cosas, fuera menester arrancar todas las viñas para que no hubiera beodos, quitar el comercio para evitar las fraudes, abolir los juzgados para que no hubiera injusticias. Esto es lo que enseña la buena razon gobernada de la Lógica: lo demas son extravíos del furor y de las pasiones. Las ceremonias judaicas son en dos maneras: unas se enderezan á manifestar la sumision, humildad, amor, y reverencia, con que el hombre ha de adorar á Dios: otras son significativas del Mesías, que esperaban, y estas le representaban en figura. Las primeras han quedado en la Iglesia Christiana, porque son puras y santísimas: las otras se han extinguido, porque su uso fuera falso, y su significacion engañosa, por haberse cumplido en Jesu-Christo con toda realidad lo que ellas manifestaban en imagen y en sombras.
[22] Sobre el tiempo en que se acabaron y se declararon mortíferas estas últimas ceremonias judaicas, si fué quando Jesu-Christo dixo en la Cruz: Consummatum est[a], ó fué quando los Apóstoles juntos en Concilio en Jerusalen dixeron: Visum est Spiritui Sancto & nobis ut abstineatis à sanguine & suffocato, hubo una gran contienda entre S. GERÓNIMO y S. AGUSTIN, defendiendo cada uno su parte, sobre lo qual se escribieron algunas Cartas muy dignas de ser leidas; pues se puede aprender en ellas la disciplina del primer siglo de la Iglesia, y la moderacion con que se han de tratar los Escritores quando son de opiniones y pareceres contrarios. Los Christianos, ademas de las ceremonias, que hemos dicho, que conservaban de los Hebreos, tomaron algunas de los Gentiles donde predicaban el Evangelio, y eran aquellas que miraban á Dios y no tenian mezcla de idolatría, error, ni supersticion. Las tomaban santificándolas, christianizándolas, y haciendo que con buen uso se enderezasen al verdadero Dios las mismas, que con abusos se dirigian á los ídolos, al modo que nos aprovechamos de algunas máxîmas de los Filósofos Gentiles, christianizándolas, y haciéndolas servir á la verdadera Religion, como que las sacamos de injustos poseedores para hacerlas justamente nuestras. ¿No tomamos cada dia estilos y costumbres de las naciones extrañas, haciéndolas propias? Oxalá que en esto imitásemos la prudente conducta de la Iglesia, que solo ha tomado lo mas puro, y lo que puede servir á mayor gloria y culto del Dios que veneramos.
[Nota a: Joann. cap. 19. vers. 30.]
[Nota b: Act. cap. 15. vers. 28. & 29.]