[23] Nuestro PEDRO CIRUELO compuso una Obra excelente sobre el uso y significacion de los ritus y ceremonias Eclesiásticas. Despues trató este punto el Cardenal BARONIO. El Autor del precioso libro: Methodus legendorum Ecclesiae Patrum, explicó muy bien este asunto, y últimamente el Papa Benedicto Decimoquarto en su Obra de Sacrificio Missae. MIDLETON hizo un viage á Roma para impugnar mas á su gusto las ceremonias de la Iglesia Católica. Iba bien preocupado de las turbulentas prevenciones de su País en materias de Religion. La Filosofía gentílica era su guia, y en lugar de librarse de las preocupaciones, se arraigó mas en ellas, y disparó un escrito contra las ceremonias lleno de agitacion y de amargura. Si antes de tomar la pluma hubiera leido de espacio los Autores citados, que han profundado esta materia, y hubiera pesado las razones con buenas noticias de la Teología, se hubiera hallado mas bien dispuesto á tratar este punto, y pudiera haberse gobernado con mejor Lógica.

[24] El mayor argumento que creen hacer los Sectarios contra las Sagradas Escrituras es la contrariedad, que ellos hallan entre los Misterios Sagrados y los milagros con la razon; pues siendo esta de Dios, y no pudiéndose contradecir, no se han de tener por reveladas las cosas que se oponen á ella: de aquí deducen, que no ha de haber mas que la Religion natural; es decir, la que alcanza el hombre por la naturaleza gobernada de la razon, y que lo demas es fingido y arbitrario. Este es el sistema dominante de nuestros dias, explicado con el nombre de Naturalismo, y el mas pernicioso, porque el Atheismo, Deismo, y Materialismo caminan con sus errores á cara descubierta: los Naturalistas los siguen con disimulo. No se les cae de la boca el adorable nombre de Dios: explican algunos de sus soberanos atributos: aprueban muchas de sus divinas perfecciones, que es todo lo que alcanza la flaca razon; pero lo demas, que se sabe por pura revelacion, lo niegan todo, que es lo mismo que destruir de todo punto la Religion[a]. Ya hemos visto que la razon no basta para conocer, amar y adorar á Dios dignamente: que la revelacion es necesaria para acompañar y dirigir la razon á fin de caminar con acierto: resta mostrar ahora que los mysterios y milagros que las Sagradas Escrituras nos proponen no son contrarios á la razon. Confesamos que los sacrosantos Mysterios de la Trinidad y Encarnacion, como otras verdades reveladas, son superiores á toda razon, pero negamos que sean contrarias á ella.

[Nota a: Inde enim est quod qui Naturalistae vocantur ita studeant Theologiae naturali ut revelatam prorsus contemnant, aut saltem insuper habeant…. Naturalistae, enim sunt qui Theologia naturali contenti revelatam vel rejiciunt, vel saltem cognitu minus necessariam judicant. Wolf. Theolog. natur. proleg, §. 19. & 20. pag. 11.]

[25] Tiene la Religion sus principios y máxîmas fundamentales, como los tiene cada una de las Artes. Estos principios son superiores á la comprehension natural; pero se conforman muy bien con ella, porque se fundan en la omnipotencia, bondad y misericordia de Dios, que no se oponen á la razon. Conoce el juicio, que Dios puede infinitamente mas de lo que el hombre puede alcanzar. Con este principio de luz natural se compone muy bien lo prodigioso de los mysterios y de los milagros, de modo que no se puede dudar racionalmente que Dios los pueda hacer, sino si los ha hecho, y esto lo tenemos probado ya en los argumentos antecedentes. El pecado original y sus resultas, la reparacion del género humano por Jesu-Christo, la vida eterna con premio de los buenos y castigo de los malos, junto con los mysterios, institucion de Sacramentos, y otros dogmas conexôs con estos, son las verdades fundamentales de la Religion Christiana. Son superiores á la razon, porque esta por sí sola no las puede alcanzar, por ser de orden sobrenatural; pero no la destruyen ni se oponen á ella, antes bien la fortalecen, ilustran, y sosiegan. Si el hombre considera las miserias y penalidades que le afligen, y sabe que son resultas del pecado original que contaminó á todo el género humano, queda satisfecho, porque alcanza con la luz de la revelacion lo que su debil razon no podia penetrar.

[26] PEDRO BAYLE, renovando los errores de los Manicheos, quiere averiguar el origen de los males físicos y morales de los hombres por las luces naturales; mas sus conatos fueron vanos como lo demostró LEIBNITZ en su Teodicea, compuesta principalmente para tratar este asunto. Otros, que despues han querido recalcarse en esto sin añadir cosa nueva, andan buscando en los Filósofos Gentiles el apoyo de sus opiniones; pero en vano, porque estos conocieron el mal, mas su origen le ignoraron. Considerando PLINIO, que los demas animales quando nacen, ya están provistos de lo necesario para la vida, menos el hombre, que entre el llanto y la inmundicia pereceria si no le ayudasen, trató á la naturaleza de madre de las bestias, y madrastra de los hombres[a]. Si hubiera tenido noticia del pecado original, y que por él nos vienen, ademas de la ignorancia y concupiscencia, todas las penalidades de que inevitablemente estamos cercados, hubiera discurrido con mas acierto. Si contemplamos, que esta triste habitacion del mundo no es correspondiente al fin á que somos criados y á que continuamente nos sentimos movidos, nos parecerá muy bien el dogma de la vida eterna, donde los malos serán castigados, y los buenos gozarán la inmensidad de bienes que Dios les tiene preparados en su Reyno. Si atentamente reflexîonamos sobre nuestra flaqueza, que somos inclinados al vicio, y que si podemos con nuestras fuerzas exercitar una, ú otra virtud, es imposible practicarlas todas, entenderémos que la asistencia del Ser supremo nos es necesaria para obrar conforme á sus soberanos ordenamientos. Finalmente, haciendo reflexîon, que una culpa en que se ofendió á un Dios inmenso, pedia una reparacion y satisfaccion igual, que la suma Bondad y Misericordia Divina querian salvar al hombre, y para esto prometió Dios enviar un Mesías, facilmente creerémos, que Jesu-Christo, hijo del eterno Padre, hecho hombre, es nuestro Salvador, y entenderémos que su encarnacion, nacimiento, vida, muerte, resurreccion, y milagros, ademas de no desdecir de la Omnipotencia y Magestad Divina, no habian de ser como las cosas de los hombres, sino correspondientes á la dignidad y grandeza de un hombre Dios, todo mysterioso y sobrenatural, como que se enderezaba á fines muy superiores á toda la naturaleza.

[Nota a: Plin. Praefat. in lib. 7. Hist. Natur.]

[27] En ninguno de estos puntos fundamentales de la Religion Christiana encuentra la razon cosa que la destruya ni se le oponga, antes con estas sobrenaturales luces entiende lo que desea saber, y sin ellas nunca lo podria alcanzar. Tantos hombres ilustrados como creen y profesan esta santa Religion: tanta sangre derramada en su defensa: tanta sumision con que se practíca, ¿eran compatibles con una creencia opuesta á la razon? ¿No estaría esta luchando continuamente por desasirse de ella, como sucede en todo lo que el entendimiento percibe y no se acomoda con sus luces? El célebre LOCK decia, que, si la revelacion propusiese máxîmas evidentemente opuestas á la razon y destructivas de ella, no se debiera recibir; pero á favor de la Religion añade, que lo que ella enseña se ha de creer, aunque sea superior á la razon, y pone el exemplo de la caida de los Angeles malos, la Resurreccion de los muertos, y otros Artículos, con los quales nada, dice, tiene que ver directamente la razon[a]. LEIBNITZ compuso un tratado de la Concordia de la Fe y de la razon, que hace parte de la Teodicea; y, entre otras cosas señaladas con que prueba, que los mysterios de la Religion Christiana son superiores á la razon, mas no contrarios á ella, dice, que para impugnar esta Religion santísima eran menester demostraciones evidentes, que no puede haber[c]; pues las razoncillas, discursillos, y agudezas saltantes, no son para apartarnos de una creencia divina, que es enteramente conforme con la razon.

[Nota a: Lock Esai del entendiment humain, lib. 4. chap. 8. pag. 578. 588. y sig.]

[Nota b: Oper. tom. I. pag. 60.]

[Nota c: Leibnitz Theodicea Oper. tom. I. pag. 85.]