"¡D. Carlos tan bueno y tan decente, burlado por una mujer canalla, se había muerto de pesar ó se había matado de vergüenza y hasta en la plaza se contaba su deshonra!"

"En el acto juré matar á María Luisa y á cuantos tuvieran la culpa de lo sucedido; pero ya tenía yo el compromiso de caminar al día siguiente y pensé que sería mejor venir á Oaxaca para persuadirme de que D. Carlos ya no existía ó hablar con él si era verdad que se hallaba en un convento como dijo aquel Señor."

"En esa noche nada pude dormir; después el camino me pareció muy largo y sólo pensaba en la venganza."

"Cuando me ví en esta ciudad, dejé al Señor de Guatemala y me dirigí al Panteón para buscar el sepulcro de D. Carlos, pero no lo hallé."

El viejo mendigo calló unos instantes para tomar aliento, porque le faltaba la respiración.

Las lágrimas le caían mojando sus harapos; llevándose la mano á la frente como para evocar recuerdos y detener la anarquía de sus ideas, continuó:

"El guarda del campo santo me dijo que sin duda mi amo había sido enterrado en alguna iglesia. Yo no me conformé y volví al día siguiente, pero como no sé leer, fuí antes á una escuela donde pagué porque me pusieran en un papel, repetido con diversas formas de letra, el nombre de D. Carlos Félix de Miranda."

"Varios días pasé cotejando las letras de mi papel con las de todos los sepulcros y nada conseguí; después anduve registrando los suelos de las iglesias, pero también sin resultado alguno."

"Fuí al curato, pagué porque me leyeran el libro donde apuntan á todos los que se mueren y tampoco estaba el nombre que yo pedía."