"No quise ni pensar en que mi amo estuviera enterrado fuera de la iglesia y sin lápida como sepultan á los que se matan."

XIII.

"Acordándome de lo que sabía Josefa, recorrí los conventos y como á los pobres todo les cuesta, seguí pagando á jardineros y sacristanes para que me dijeran los nombres de los religiosos."

"Cuando vine á revisar los sepulcros de esta iglesia y entré al convento, fuí recibido bien, pero al preguntar á un lego por el Sr. D. Carlos, me dijo que había prohibición de dar noticias de lo que pasaba en la casa y me ordenó que saliera."

"Desde aquel día mi corazón empezó á decirme que aquí estaba D. Carlos."

"Siguiendo á visitar conventos y buscar sepulcros, andaba yo como si estuviera loco y sentía envidia al ver muchas gentes que llegaban á la iglesia, se arrodillaban y muy pronto salían consoladas."

"Después de ocho días perdí la esperanza y me disponía para volver á México, preguntando en los pueblos del tránsito si había muerto D. Carlos en el camino; pero una tarde, al entrar en esto atrio, mire al pié del campanario un grupo de limosneros y muchachos que haciendo ruido, se agachaban y reñían.—A mí me tocó un real.—decía uno.—A mí una peseta.—contestaba el otro."

"Cuando llegue á la puerta del templo, sentí caer á mis piés un peso que recogió una pobre anciana, ésta empezó á disputar con otra que no había podido tomarlo y aquella me habló diciendo:—Ud. dirá, Señor, ésta quiere cogerse el peso habiéndolo tirado para mí un padre muy bueno que sale todos los viernes á dar limosna por el campanario."

"Antes de que acabara de hablar levanté la frente y miré que asomó la cabeza en el balcón de la torre y la ocultó luego el mismo D. Carlos."

"Entonces tuve placer y miedo creyendo que miraba á un muerto; sin saber qué haría, entré á la iglesia y me dejé caer al suelo como si estuviera ebrio."