Como resultado de las desgracias inseparables á la emancipación de los pueblos, se forman partidos poderosos é intransigentes, que de más ó menos buena fe defienden sus principios con encarnizamiento, y de la terrible contienda entre las ideas y las pasiones, á veces resultan inocentes las víctimas é inocentes los verdugos, pero casi siempre se menoscaban las costumbres ó la integridad nacional.

En la noche de las revoluciones aparecen militares ávidos de gloria, y políticos sin experiencia que se precipitan desde la cumbre de las teorías, proclamando excelentes principios los cuales puestos en práctica suelen producir consecuencias funestas; entonces la civilización se atrasa y se empequeñecen los destinos de la patria.

Y más todavía; por una inevitable fatalidad, como esas rocas incandescentes que salen de los volcanes, surgen del caos revolucionario espíritus fogosos y extraviados, que ateos en política ó fanáticos en religión, destruyen las mismas instituciones por las que arriesgan su vida.

Ellos y no el pueblo son los que con afán turbulento hacen chocar las ideas contra los hechos y representan dramas salvajes de pasiones y miserias, en cuyo desenlace aparece la libertad salpicada de sangre y heridas mortalmente las creencias de los corazones.

XXIX.

En aquella época el ilustre poeta Lamartine pintaba el estado político y social de la Francia en estos términos:

"...... Al principio no fué más que un combate; bien pronto siguió una ruina; el polvo de esta lucha y de esta ruina lo ha obscurecido todo y no se ha sabido ni por qué, ni en qué terreno, ni bajo qué bandera se combatía. Se ha hecho fuego como en la obscuridad de la noche, contra los amigos y contra los hermanos; las reacciones han seguido á la acción; los excesos y los crímenes han mancillado á los partidos de todos colores; los hombres han abandonado con horror la causa que el crimen suponía servir y que la perdía como las pierde todas; se ha pasado de un exceso á otro y los movimientos tumultuosos no se han comprendido mejor que las vicisitudes de la batalla. Todo era confusión y desorden; todo era triunfo y derrota, entusiasmo y desaliento."

Esta era también la situación convulsiva y tumultuaria de México.

El pueblo que había obtenido su libertad improvisando héroes y ofreciendo mártires, ansioso de luz y de progreso, se levantó en actitud revolucionaria sin saber cómo constituirse.

Lleno de odio por lo antiguo y amor á lo desconocido, pidiendo derechos y olvidando deberes, llegó á los límites del despotismo después de haber desgarrado sus libertades.