Los dos bandos presenciaban indiferentes las agonías de la patria llevando sus disputas hasta el pié del altar, y por una monstruosa é increíble anomalía ¡Triste es decirlo! el uno en nombre de la religión asesinaba y el otro predicando el progreso retrocedía.

Mas no debemos culpar de un modo absoluto á los hombres de ayer, que por otra parte, muchos de ellos ofrecían talentos superiores y bien merecen el respeto de la generación actual.

En aquella época de hierro y de sangre la nación mexicana cometió grandes locuras porque no sabía qué hacer ni de qué asirse, careciendo de la experiencia que la vieja Europa llegó á conseguir después de muchos siglos de combate.

Aun no había sonado la hora en que de las llamas y los escombros de aquellos incendios surgieran hombres extraordinarios como el coloso de Paso del Norte, que grabó en la frente de los reyes el sagrado lema de que "El respeto al derecho ajeno es la paz."

Tampoco brillaba en la escena política el bizarro caudillo que hoy protege los destinos de su patria, el Edipo mexicano nacido bajo el cielo de Antequera y predestinado para destruir la esfinge de la revolución.

En aquel año funesto una parte del Estado de Oaxaca desconoció al gobierno de la Capital.

Los promovedores de aquella borrasca civil clamaban contra el Presidente de la República, protestando que ya no era posible soportar el peso de su autocrática tiranía, y aquel magistrado, no queriendo perder tan bello territorio, movió sus tropas con el propósito de sofocar lo que él llamaba desenfrenada rebelión.

XXXII.

Las fuerzas expedicionarias, ufanas con la esperanza que se inspira á sí mismo un cuerpo disciplinado cuando cae sobre una provincia rebelde, ocuparon la parte baja de la ciudad y tendieron su línea de operaciones en las calles que la dividen de Oriente á Occidente, abriendo fosos y alzando barricadas.

Al mismo tiempo sus enemigos encerrados en el inexpugnable convento de Santo Domingo, con su fama de valientes y haciéndose la ilusión de marchar en triunfo á la Capital, estaban resueltos á todo.