Sebastián temblaba cubriéndose el rostro con las manos.
El uno dirigía la última mirada á la tierra de la hospitalidad; el otro ya no quería ver más el lugar donde quedaba la mitad de su corazón.
De repente dijo el Padre al inválido con voz emocionada:
—Hermano: Adelante...... No tengas cuidado, en todas partes hallaremos á Dios y su Providencia.
Y continuaron su camino en busca de una nueva patria.
Nota del Transcriptor:
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