Yo no tenía el honor de conocer al Sr. Portillo; sus producciones, sus facultades, ¡hasta su nombre! eran enteramente extraños para mí. Pero una cosa me consolaba: las dimensiones del librito, que eran bien reducidas, y no sería muy largo el tiempo que se perdiera en su lectura,......... si es que se perdía.
!Al mal paso darle prisa!—me dije ¡y comencé á recorrer las primeras páginas!
Vamos, el estilo no es enfático......... ¿eh?......... esta cláusula es fluída......... la frase se desencadena con naturalidad......... la palabra es correcta y los períodos......... reconozcamos que los períodos tienen cierto aire de distinción, esa elegante sencillez que promete feliz epílogo. ¡Continuemos!
Y sin sentirlo, como no se sienten en la soledad, como se deslizan las horas en que dejamos el pensamiento volar en alas de sus recuerdos dulces, se deslizaron para mí estos capítulos. ¡El interés crece! ¡se ha empeñado la acción! Veo en estas líneas las huellas de algunas lágrimas.
El autor nos conduce dentro de las sombrías arcadas de un monasterio, cuya quietud turba el estruendo del combate y cuyos muros ilumina el relámpago siniestro de la artillería.
¡Hermoso contraste! Parécenme aquellos los magistrales y bruscos tonos de luz y sombra de la "Cena de Emaus," de Zurbarán.
Pero allí debe tener patético desenlace lo que fuera al nacer tierno idilio de la adolescencia.
Y por cierto que el epílogo está lleno de interesante originalidad: una granada destrozando en obscura noche la bóveda del templo, cava en el pavimento el fúnebre y primero y último lecho de amor de dos amantes infortunados.
Pero no............ no quiero referiros el argumento de "María Luisa," porque abdicaría de su interés, sin que pusiera á vuestra vista los elementos que decoran sus interesantes escenas.
Ya las naves de un templo y el imponente sociego de un claustro; ya la lujuriosa naturaleza meridional, con sus arrogantes cordilleras, sus solemnes desiertos, sus selvas sombrías y sus diamantinos cielos.